martes, 14 de enero de 2014

Capítulo 5: Aún te amo

Maye llegó de España a Colombia para hacerle una visita a todos sus seres queridos aprovechando sus vacaciones en la universidad. Llegó al aeropuerto y casualmente, pasó cerca de Andrés quien hablaba por celular e iba a recibir un cliente, pero ninguno de los dos se vio.

Más tarde, en una cafetería, se encontraban Maye y Valeria, ésta última muy emocionada por ver de nuevo a su amiga.



— ¡No puedo creer que te esté viendo! –Exclamó Valeria- ¡Me da mucha alegría que hayas vuelto Maye! Siento que con contengo mi felicidad. Te extrañé muchísimo amiga.

—Yo también Vale, aunque no dejamos de comunicarnos, pero no hay nada como estar en cuerpo presente –Confesó Maye.

—Pensé que nunca vendrías –Dijo Valeria-. Pero tenemos mucho de qué hablar. ¿Es muy bonito Madrid?

—Sí, es una ciudad muy linda –Respondió Maye-. Sólo que el clima es un poco inclemente. Hace mucho frío.

—No entiendo por qué viniste de improvista. Si me hubieras avisado te habría preparado con tus padres una fiesta de bienvenida –Dijo Valeria.

—Ese fue uno de los motivos por los que vine de sorpresa, porque ahora no estoy para fiestas –Dijo Maye-. Sólo quiero descansar. Siento que me volveré loca con tanta responsabilidad.

— ¡Ay Maye! Tan siquiera deberíamos ir a bailar esta noche a tomar un par de copas –Le propuso Valeria-. Estás de vacaciones, tienes ya 19 años y eres muy guapa. Estoy segura que esta noche te ligarías un chico.

—No me interesa Valeria, tampoco estoy ahora para relaciones –Confesó Maye-. Pero está bien, vamos a una discoteca esta noche, sólo porque quiero pasar el rato con mi mejor amiga.

Entretanto, Andrés estaba en su oficina, firmando unos documentos y en eso, Laura entró atrevidamente con un vestido violeta corto, usando tacones y sosteniendo en el brazo derecho un abrigo y con la mano la cartera.



—Hola Andrés. ¿Estás ocupado? –Le saludó Laura con un beso en la mejilla.

— ¿Qué haces aquí Laura? –Preguntó Andrés molesto- ¿Cómo entraste?

—La secretaria estaba descuidada y aproveché para darte una sorpresa, pero por lo visto no te gustó –Respondió Laura.

—Discúlpame, no quiero ser grosero contigo, pero no me gusta que me molesten cuando estoy trabajando –Dijo Andrés.

—Pues sinceramente siento que amas más tu trabajo de lo que deberías amarme a mí –Confesó Laura solloza.

Andrés, conmoviéndose por las palabras de su actual novia, se levantó, fue hacia ella y la abrazó.

—Perdóname, no me gusta que llores por mi culpa –Le dijo-. Sólo te pido que me tengas un poco de paciencia.

— ¿Paciencia? –Preguntó Laura- Paciencia es lo que he tenido contigo desde hace más de un año que llevamos esta relación. Andrés, yo pienso que sólo estás conmigo por no dejar.

—No me digas eso, no es verdad –Dijo Andrés apartándose de Laura y dándole la espalda, pues él sabía que ella tenía razón, pero no lo aceptaba.

—Si no es así, dime que me amas mirándome a los ojos –Dijo Laura con severidad.

— ¿Por qué mejor no salimos esta noche a cenar? –Le propuso Andrés, dándole de nuevo la cara y sonriéndole forzado-. Te prometo que trataré de cambiar.

Laura le sonrió, se acercó y lo besó, pero Andrés no se sentía capaz de corresponderle.

—Te llamaré luego –Dijo Laura que después salió de la oficina.

Andrés suspiraba frustrado. Cuando cayó la noche, Maye estaba en la casa de sus padres, hablando con ellos en la sala.



— ¡Qué bueno verte después de tanto tiempo hija! –Decía Rihanna muy emocionada y feliz.

—Así es, nos da mucha felicidad –Dijo Damián-. Te extraño mucho. Muchísimo. Con decirte que no me acostumbré los primeros días sin mi niña en la casa.

—Yo también papás. Me sentí morir en los primeros días en que estuve en España sin ustedes, sin sus atenciones –Comentó Maye-. Hasta eché de menos lo mucho que me sobre protegían. Aunque la tía Ceci me atendió muy bien.

—Me parece que te pusiste más bonita –Notó Rihanna-. Tu estancia por allá te sentó muy bien.

— ¿Y por qué no nos dijiste que venías Maye? –Preguntó Damián- Pudiste habernos avisando o enviado un mail por correo.

—Quise darles la sorpresa –Respondió Maye-. Además, como le dije a Valeria, si les decía, me iban a preparar una fiesta y realmente no lo quería. Estoy muy cansada.

—No es para menos. No nos gustó para nada que trabajaras de profesara en España –Dijo Rihanna.

—Eso es verdad. Si necesitabas más dinero, sólo tenías que decírnoslo y te lo mandábamos –Dijo Damián

—Papá, ya no soy una chiquilla. Debía trabajar en algo para ayudarle a la tía con los gastos –Dijo Maye algo seria-. Y como me gustan tanto los niños, decidí ser maestra suplente. Y quiero que sepan que mientras esté aquí de vacaciones, seguiré trabajando en lo mismo.

Los padres de Maye miraron a su hija de cierta manera, queriendo expresar que era una muchacha terca. Tal y como lo planearon, Maye e puso una ropa ligera y salió con Valeria a una discoteca, donde se divirtieron, bailaron y rieron. Por otra parte, en un lujoso e iluminado restaurante, cenaban Andrés y Laura; ésta última hablaba entretenidamente con él. Andrés sólo la escuchaba, le seguía la conversación y sonreía.

Así pasaron unos días. Maye estaba en la oficina de la directora de un importante colegio, en una entrevista laboral. La directora era una mujer mayor y leía detenidamente el currículo (hoja de vida) de Maye:



—Realmente, a pesar de que tan solo tiene 19 años, veo en su currículo que está muy capacitada para trabajar en esta escuela –Dijo la directora.

—Me alegra mucho escuchar eso –Dijo Maye-. Sepa usted que además estoy estudiando pediatría, me encantan los niños y sé trabajar muy bien con ellos.

—Y a parte de eso, tiene todo lo necesario como el hablar inglés y los conocimientos requeridos para primero de primaria –Agregó la mujer-. ¿Pero no es usted profesora titulada?

—Eh… no. Como verá solo era maestra suplente, de reemplazo –Respondió Maye.

—Bueno, eso no es tanto un problema –Dijo la directora-. Las referencias, el currículo y la experiencia valen por el título.

— ¿Eso quiere decir que estoy contratada o debo esperar su llamada? –Preguntó Maye.

—Está contratada –Respondió la directora-. Pero debido a que aún no tiene un título y por la experiencia, sólo puedo ponerla como la profesora del grado primero. ¿Le parece señorita Swan?

—Claro, es perfecto –Aceptó Maye muy emocionada-. A partir de mañana empezaré mis clases con los niños. Muchas gracias señora directora. Le aseguro que no se arrepentirá.

—Eso espero –Dijo entre risas la directora.

Maye le sonrió por última vez a la directora, se levantó y salió de la oficina. Al día siguiente, asistió a su primer día de trabajo. El timbre de entrada de la institución sonó y los niños empezaron a entrar. La casualidad nuevamente hacía que Maye y Andrés estuvieran más cerca de lo que pensaban, puesto que éste último tenía un hermano de seis años que justo estudiaba en la misma institución y lo trajo en el auto. Lo estación frente a la entrada del plantel y el niño se bajó.



—Pórtate bien Max –Le dijo Andrés-. No quiero que tu profesora vaya a ponerme quejas de ti. ¿Entendido?

— ¡Entendido Andrés! –Exclamó Max.

—Paso por ti esta tarde. Espérame aquí en la entrada. Chao, cuídate –Se despidió Andrés de su hermanito.

El niño entró corriendo a la institución con los demás. Andrés se fue una vez se aseguró de que Max entrara bien. Minutos después en el salón de clases del grado primero, todos los niños estaban en sus puestos. Max estaba ahí. La directora presentaba a Maye como la nueva profesora.



—Bueno mis niños. La señorita Swan será su nueva profesora. Lamentablemente, su anterior maestra tuvo que irse, pero ahora ella los acompañará durante una corta temporada. Espero que en ese tiempo puedan darle una buena impresión de su comportamiento. Los dejo con la señorita Swan.

La directora se retiró del salón. Maye se quedó con los niños sonriéndoles con ternura.

—Pues como ya les dijo la señora directora, seré a partir de este momento su nueva profesora. Mi nombre es Magerli Swan, pero preferiría que me llamaran solamente Maye. ¿De acuerdo?

— ¡De acuerdo! –Exclamaron al unísono los niños.

—Perfecto. Comenzaré con algo muy sencillo. Ya me presenté y ahora les corresponde a ustedes presentarse conmigo –Dijo Maye-. Me van a decir sus nombres uno por uno. Comencemos por aquí.

Uno por uno, cada niño se levantaba del puesto y le decía su nombre a Maye. Ella con su buena memoria, procuraba memorizarlos todos. En eso, llegó el turno de presentarse de Max, pero el niño era bastante tímido y no se levantó para decir su nombre.

— ¿Y tú como te llamas corazón? –Le preguntó Maye- ¿Cuál es tu nombre? ¿No me lo quieres decir?

Pero Max no respondía.

— ¡Él es un tonto! –Dijo una niña con desprecio- Le da miedo de todos.

—Por eso a nadie le gusta ser amigo de él –Dijo otro niño.

—Por favor respeten a su compañero y no lo ataquen de esa manera –Les dijo Maye-. No es ningún tonto, para nada. Lo que pasa es que es bastante tímido. Vamos mi amor. Dime cuál es tu nombre. En mí puedes tener confianza…. Vamos.

—Me llamo Max –Dijo tímidamente cabizbajo.

—Bueno Max, pues de ahora en adelante ya no vas a ser tímido –Dijo Maye-. Es más, de ahora en adelante todos vamos a ser muy unidos y no vamos a faltarnos al respeto unos a otros. Vamos a aprender a trabajar en equipo. ¿Te gusta la idea?

—Sí, me gusta –Respondió Max sonriéndole a Maye, pues con las palabras de ella, el niño tomó un poco más de seguridad.

Horas después, terminó la jornada. Tocaron el timbre de salida. En el salón de clases del grado primero, todos los niños se acercaban al escritorio de Maye para entregarle en una hoja sus tareas hechas.

—Cuídense niños –Les decía Maye a medida que se iban yendo-. No se olviden de la tarea de los animales domésticos en inglés. La realizan con ayuda de sus padres. Mañana la recojo, así que bien responsables en eso.

El último en entregar la tarea del día fue Max. Maye recibió la hoja, pero se sorprendió al ver que la actividad no estaba resuelta del todo.

—Max espera. Ven aquí –Le detuvo Maye y Max fue hacia ella- ¿Por qué no terminaste la actividad? Era bastante fácil y todos tus compañeros tuvieron tiempo de terminar. ¿Por qué tú no?

—Es que no sabía como hacerla profesora –Respondió Max cabizbajo-. No sé sumar ni restar bien.

—Eso veo. Y me preocupa porque es un logro que ya debes de haber superado –Dijo Maye-. ¿La otra profesora no les enseñaba muy bien o qué pasa?

—No sé. ¿Puedo irme ya? Mi hermano debe estar esperándome afuera y se enojará conmigo si me tardo –Dijo Max.

—Está bien Max. Puedes irte. Hasta luego –Dijo Maye y Max salió apresurado del salón directo a la salida de la institución.

Efectivamente Andrés esperaba a su hermanito en el auto. Estaba acompañado por Laura y Max al verla se molestó, ya que no le caía bien. El niño subió al vehículo y se sentó en los asientos atrás.



— ¿Por qué te demoraste en salir Max? –Le preguntó Andrés- Tú sabes que no me gusta esperar. Tengo cosas que hacer.

—Me quedé hablando con mi nueva profesora –Respondió Max-. Es muy bonita y amable. ¿Y por qué Laura está con nosotros?

—Papá y mamá tuvieron que irse de viaje y como yo tengo asuntos que arreglar en la empresa, Laura se hará cargo de ti mientras yo no pueda –Dijo Andrés.

— ¡Vamos a divertirnos mucho Max! –Exclamó Laura, sonriéndole falsa al niño, pero éste sólo la miró disgustado.

Llegada la noche, Maye estaba en su cuarto, charlando con Valeria. Maye calificaba las tareas de sus alumnos, mientras le contaba a su amiga cómo había estado su primer día de trabajo.



—La verdad es que nunca me imaginé verte de profesora Maye –Dijo Valeria-. Debe ser algo bastante desesperante tratar con tantos niños chiquitos, controlarlos, enseñarles a los que no entienda.

—Cuando tienes la vocación, no lo ves de esa manera y este es mi caso –Dijo Maye-. Además, he descubierto lo mucho que me encantan los niños. Por eso mismo estoy estudiando pediatría.

— ¿Entonces te fue bien con ellos? –Preguntó Valeria.

— ¡Excelente! –Exclamó Maye-. Todos son muy dóciles, animados para trabajar. Me sentí muy acogida por ellos. Sólo me preocupó un niño en especial. Es bastante tímido, a parte de que tiene dificultades cognitivas.

— ¿Y por qué no citas a los padres para hablarles de eso? –Le preguntó Valeria.

—Tienes razón. Es una excelente idea. Mañana hablaré con el niño y les mandaré con él una notificación para que los padres asistan a la institución –Convino Maye-. ¿Y tú cómo piensas retomar tus estudios Valeria?

— ¡Ay Maye! Es que la universidad es muy estresante, y más con una carrera tan pesada como la administración de empresas –Respondió Valeria-. Tal vez más adelante los retome, pero con otra carrera. Definitivamente lo empresarial no es lo mío.

—Eso espero. Es muy importante que te superes. Así vas a tener mejores oportunidades laborales –Dijo Maye-. Pero si no estás estudiando, ¿qué estás haciendo estos momentos? ¿Tus padres aún te mantienen?

— ¡Claro que no! ¿Cómo crees? No podría aprovecharme de esa manera de mis padres –Dijo Valeria-. Estoy trabajando con catálogos de productos de belleza. Justo traigo aquí un catálogo por si te interesa encargar algunos productos.

—Haber, muéstrame –Dijo Maye.

Valeria sacó de su bolso un catálogo de productos de belleza y se lo entregó a Maye. Ésta lo recibió y efectivamente se interesó por algunos accesorios y maquillaje. En eso, pasando las hojas del catálogo, Maye se encontró con la foto de Andrés como el director ejecutivo de una empresa de cosméticos. Ella al verlo de nuevo, no pudo evitar estremecerse y acarició con sus dedos la foto.

— ¿Qué te pasa Maye? ¿Por qué te pones así? –Le preguntó Valeria- Quien te vea dirá que has visto un espanto.

—Un espanto no Vale, más bien una persona que acaba de removerme el pasado –Dijo Maye.

Valeria se extrañó por las palabras de su amiga, por lo que se sentó a su lado para ver qué había visto en el catálogo.

— ¡Por Dios! ¡Ese apuesto empresario que sale ahí es Andrés! –Exclamó Valeria- Así que es el director ejecutivo de una empresa de cosméticos. Eso no lo sabía.

—Eso parece –Dijo Maye quien acto seguido cerró el catálogo.

—Maye, disculpa que te haga esta pregunta, pero ¿todavía recuerdas a Andrés? –Preguntó Valeria.

—Por supuesto. Lo recuerdo como recordaría a cualquier otra persona –Dijo Maye-. Es una pregunta sin coherencia Valeria.

—Pero no me refiero en ese sentido –Dijo Valeria-. Me refiero a si aún sientes algo especial por él después de todo este tiempo. ¿Todavía sigues enamorada?

—No te voy a mentir. Todos estos meses, procuré superar todo lo que sucedió con Andrés y lo logré –Confesó Maye-. Pero a pesar de eso, aún lo tengo clavado en mi corazón y sigue presente. Por más que tratara de olvidarlo, era imposible. Y con eso entendí que una cosa es olvidar y otra superar.

—Y si es así, ¿por qué no lo buscas? Un amor no se olvida de la noche a la mañana –Dijo Valeria-. A lo mejor él también siente algo por ti.

—No lo creo Valeria. ¿Crees que todo un director ejecutivo estaría soltero sólo por el amargo recuerdo de un amor de secundaria? –Dijo Maye- En estos momentos debe estar comprometido. ¿Y sabes qué? Mejor dejemos el tema a un lado. ¿Te parece?

—Está bien –Dijo Valeria sonriéndole.

Las dos amigas se abrazaron fraternalmente. Por otra parte, en la lujosa casa de la familia Acevedo (la familia de Andrés), Laura estaba viendo televisión sentada cómodamente en el sofá de la sala. En eso, se le acercó Max:



—Laura, tengo hambre. ¿Cuándo va a estar lista la cena? –Preguntó el niño.

— ¿Cena? ¿En serio crees mocoso que me voy a meter en una cocina para darte de comer? –Dijo Laura- Mejor lárgate. Estoy ocupada viendo mi telenovela.

Max se retiró tímido de la sala. Laura continuó disfrutando de su telenovela favorita: Ladrona, en la escena en que Cristal obliga a Alison a besarle los fétidos pies.

— ¡Apoyo a Cristal! ¡La Ladrona asquerosa esa se lo merece! –Exclamaba Laura mientras veía la escena emocionada.

A lo lejos, Max se percató que el control remoto de la televisión estaba tirado en el piso, cerca de Laura, por lo que el niño decidió tomarlo con cautela sin que ella se diera cuenta. Una vez lo logró, apagó la televisión.

— ¿Qué pasó? ¿Por qué se apagó esta idiotez? –Preguntaba Laura histérica- ¡Me estoy perdiendo mi programa! ¡Maldición! ¿Dónde dejé el control?

Laura se levantó bastante molesta del sofá y Max salió corriendo a su cuarto. Laura logró verlo y salió tras él. El niño se encerró en su cuarto y Laura tocaba insistente la puerta, tratando de abrirla pero no podía, ya que Max le había puesto seguro.

— ¡Abre esa puerta inmediatamente mocoso estúpido! –Gritaba Laura al tiempo que trataba de abrir- ¡Ábrela y entrégame el control remoto o te va a pesar! ¡Abre la puerta!

— ¡No quiero! –Gritó Max desde adentro- Tengo hambre. Hazme de comer o le voy a contar a Andrés que eres mala.

Laura se retiró de allí, fue a buscar las llaves de la puerta del cuarto. Las encontró sobre el escritorio del estudio de la casa y regresó hasta el cuarto de Max. Laura no dudó en segundo en abrir la puerta con las llaves y asustado por eso, Max se metió debajo de la cama.

— ¡Sal de ahí debajo! –Le gritó Laura- Te daré hasta tres para que salgas o me veré obligada a sacarte. ¡1…! ¡2…! ¡3….!

Laura se inclinó y tomó con bastante fuerza a Max de un brazo, sacándolo de esta manera de la cama. No lo soltó y cada vez lo apretaba con más fuerza del brazo. Max empezó a llorar por el dolor y por el miedo.

—Ya tuve bastante paciencia contigo insecto miserable. Entrégame el control de la televisión. Te lo repito por último vez –Dijo Laura con la voz recia e intimidando a Max con la mirada.

Al día siguiente, en la institución, Maye estaba en la sala de profesores antes de empezar las clases. La joven organizaba unos papeles y en eso, entró La directora.



—Señorita Swan. ¿Cómo está? –Le saludó la directora.

—Buenos días señora directora. Estoy muy bien, gracias –Respondió Maye-. Supongo que viene a preguntarme cómo me fue con los niños ayer.

—Efectivamente. ¿La acogieron bien? –Preguntó la directora.

—Sí señora. Son unos niños muy amigables, trabajadores y participativos –Dijo Maye-. Además de que también son muy inteligentes. Me sentí muy a gusto con ellos. Sólo me llamó la atención un niño. Se llama Max Acevedo.

— ¡Ah, lo conozco! –Exclamó la directora- Entiendo que le haya llamado la atención. Es un niño muy escaso de acompañamiento. Siempre presenta problemas cognitivos, falta a sus tareas. Muchas profesoras han tenido problemas con él.

—Eso me preocupa porque para el grado en el que está presente muchas dificultades –Dijo Maye-. Precisamente pensé en citar a sus padres o algún acudiente para hablarle de los problemas del niño. Creo que su aprendizaje podría mejorar si recibiera más acompañamiento de su familia.

—No creo que los padres puedan venir. Son unos señores bastante ocupados –Comentó la directora-. Nunca he visto que traigan a Max o lo recojan, además él casi nunca los menciona. Siempre dice que el único que está pendiente de él es su hermano mayor, que también vive muy ocupado.

—Pero eso es muy grave señora directora –Dijo Maye-. Eso puede impulsar a otros problemas psicológicos en Max al ver la falta de atención y cariño de sus familiares. Con esto que usted me ha dicho, me urge más hablar con alguno de sus padres o si es posible, con el hermano mayor.

—Ya dejo eso a su disposición señorita Swan –Dijo la directora, que luego se retiró de la sala de profesores, dejando a Maye preocupada por más.

Andrés como todos los días, trajo a Max en su auto a la institución, pero estaba más callado de lo común. Andrés se extrañó por eso.




— ¿Por qué estás tan callado Max? –Le preguntó Andrés- ¿Te pasa algo?

—No. Mejor me voy rápido para el salón. No quiero llegar tarde a la clase de mi nueva profesora –Dijo Max.

Max se bajó del vehículo y Andrés notó que el niño tenía el brazo izquierdo maltratado.

— ¡Espera Max! –Lo detuvo Andrés- ¿Qué ta pasó en el brazo? ¿Por qué lo tienes rojo? ¿Quién te golpeó?

— ¡Nadie! ¡Chao, nos vemos más tarde! –Dijo Max y salió corriendo a la entrada de la institución antes de que Andrés siguiera interrogándolo.

Ese día de clases, Maye nuevamente se llevó muy bien con sus pequeños alumnos. Ella les sonreía y les sembraba confianza para participar en la clase y las explicaciones que ella les daba. Los niños se sentían tan seguros con Maye, que salían al tablero y resolvían correctamente operaciones matemáticas sencillas como la suma y la resta. El único que era distante y tímido era Max. Maye lo miraba en silencio con preocupación e incluso notó que tenía el brazo maltratado.

A la salida, los niños le entregaron a Maye las tareas que tenían pendientes en sus cuadernos poniéndolos sobre el escritorio. El último en salir fue Max que pasó de largo.



—Max, espera un momento –Lo detuvo Maye-. ¿Por qué no me entregas tu cuaderno? ¿No hiciste la tarea que dejé ayer?

—No profesora. No sabía como hacerla –Respondió Max cabizbajo.

— ¿Y no hay un mayor en tu casa que pueda ayudarte? ¿Por qué no me cuentas qué te pasó en el brazo? ¿Quién te pegó? –Preguntó Maye.

—Nadie. Me tengo que ir. Mi hermano me está esperando afuera –Dijo Max.

El niño salió del salón de clases. Maye se quedó un momento pensativa y salió tras él sin que se percatara. Andrés esperaba a su hermanito en el auto afuera de la institución. Max llegó y subió al auto, pero antes de que Andrés pudiera irse, escuchó el grito de alguien que lo detuvo:

— ¡Espere un momento señor! ¡Tengo que hablar con usted! –Le gritó Maye sin saber que era Andrés.

Andrés volteó a ver y se encontró con Maye dejándolo perplejo. Ella al reconocerlo, no pudo evitar sorprenderse bastante. Sus miradas se conectaron enseguida.

CONTINUARÁ...

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