viernes, 10 de enero de 2014

Capítulo 4: Nuevo rumbo

Mía llegó al parque en el que se había citado con Andrés para confesarle quién era en verdad. Pero por alguna razón, parecía que Andrés ya sabía algo y necesitaba que ella se lo confirmara.



— ¿Es verdad que eres Maye? ¿Maye Swan? ¿Es ese tu verdadero nombre, verdad? –Preguntaba Andrés tomando a Maye de los brazos- ¡Respóndeme de una vez! ¿Detrás de ese rostro bonito se esconde la misma chica de mi clase, la de lentes, la intelectual?

— ¡Suéltame! –Gritó Mía llorando- No me hagas esto. No me asustes así.

—Te suplico que me respondas Mía –Le rogó Andrés más calmado, pero sin soltarla-. ¿Quién eres?

—Perdóname –Dijo Mía entre lágrimas. De repente empezó a llover-. Yo te amo Andrés, con todo mi corazón te amo, desde que te conozco en séptimo grado lo he hecho. Yo sólo quería estar más cerca de ti, pero lamento mucho haberlo hecho de la manera incorrecta.

— ¿Eso quiere decir qué? –Dijo Andrés, pero se detuvo de hablar cuando Mía con la cabeza le indicó un “sí”.

Andrés sintió como el corazón se le desgarraba. No pudo contener las lágrimas, soltó a Mía y se dio vuelta. Ella llorando le decía que la perdonara, pero Andrés estaba recio a no escucharla más:

—Perdóname por favor Andrés –Le pedía Mía que se le había regado el maquillaje por la intensa lluvia y las lágrimas.

— ¡No te quiero escuchar! –Gritó Andrés furioso- ¡Lárgate! No eres más que una mentirosa. ¡Una mentirosa que me enredó como quiso! No quiero verte. ¡Vete! ¡Lárgate!

Mía entonces entendió que eso era justo lo que pasaría. Se dio vuelta y se fue. Ambos sufrían por las palabras que se dijeron. Cuando ya estaba atardeciendo, la joven llegó a la casa de su amiga Valeria completamente empapada. Valeria al abrir la puerta no dudó en hacer pasar a Mía. Ya la lluvia había cesado. Luego de unos minutos, en la habitación de Valeria, estaba ella con ella sentada. Ambas tomaban un café tibio para el frío.



— ¿Entonces te trató de mentirosa? –Le preguntó Valeria luego de escuchar de boca de Mía todo lo que había sucedido.

—Así es –Respondió Mía-. No sabes como me dolieron sus palabras. Mientras me las gritaba las sentía como un frío puñal que atravesaba mi corazón, pero lo comprendo. He sido una falsa. Lo engañé.

— ¡Ay Maye! –Exclamó Valeria- Siento mucho esto. En parte es como si fuera mi culpa, porque fui yo la que te induje a ser Mía para que te encontraras con Andrés en mi fiesta de cumpleaños.

—No digas eso Valeria –Dijo Mía-. Tú no tienes la más mínima culpa en esto. Yo fui la que empecé a chatear con él desde un principio. Lo enredé con mentiras y no debí haberlo hecho, pero ya es tarde para lamentarme.

— ¿Y qué piensas hacer ahora? –Preguntó Valeria.

—No lo sé –Dijo Mía sollozando-. Lo cierto es que no quiero volver a ver a Andrés y él tampoco quiere verme a mí nunca más. No me queda otra cosa que no volver al colegio.

— ¿Y dónde vas a estudiar? No creo que consigas un colegio para entrar a estas alturas del año. Mira que la próxima semana es la graduación –Dijo Valeria.

—Pues entonces le pediré al señor rector si puede acelerar mis grados o ya veré qué hacer –Respondió Mía-. Pero no volveré a clases estos días. No quiero seguir haciendo las cosas mal.

—Ok. ¿Pero sabes lo que pensará Andrés? –Dijo Valeria- Dirá que estás escapando de él.

— ¡Que piense lo que quiera! –Exclamó Mía con severidad- Yo ya tengo claro el motivo por el que no volveré y con eso me basta. Además le daré gusto a Andrés, ¿no? Él me gritó muy recio que no me quería ver y eso será justo lo que voy a hacer. No tiene por qué pensar que me escondo de él.

Valeria miró con pesar a su amiga. Cuando Mía llegó a su casa, su madre Rihanna salió de repente muy asustada:



— ¿Quién es usted? ¿Cómo entró a mi casa? –Le preguntó Rihanna a Mía, que para ese momento, decidió mostrarse tal cuál como era ante todos. No dejó de ser Mía, pero tampoco dejó de ser Maye al mismo tiempo.




—Mamá, soy yo, Maye –Respondió la joven-. Comprendo que no me reconozcas, pero soy yo.

— ¿Maye? ¿Pero qué te hiciste hija? –Se sorprendió Rihanna- Pareces otra.

—Lo sé, me hice un cambio de look –Dijo Maye riendo desanimada-. Pero la verdad no veo mucho sin mis lentes.

—Pues si te soy sincera, ese cambio debería ser permanente –Confesó Rihanna-. Pareces una muñeca. ¿Es la primera vez que te maquillas y te peinas, verdad? ¿Y esa ropa de donde la sacaste?

—Mamita, ahora no quiero hablar –Dijo Maye-. No me siento bien. Tal vez más tarde. ¿Te parece?

— ¿Y no piensas saludar a tu tía Cecilia? –Preguntó Rihanna-. Vino de visita, de España.

— ¿Mi tía Ceci? –Preguntó Maye con sorpresa.

—Sí, ahora imagino que no te va a reconocer con ese cambiazo que te has hecho, ni tu papá tampoco cuando llegue del trabajo –Dijo Rihanna.

Minutos después, en la sala de la casa, la tía Cecilia estaba saludando a Maye en presencia de Rihanna.



— ¡Qué grande estás Maye! –Exclamó Cecilia- Y has cambiado mucho. Pareces una top model sacada de la portada de una revista.

—Muchas gracias tía Ceci, me alegra mucho verte –Dijo Maye.

La tía de Maye era una mujer joven, muy simpática, de alrededor de 25 años. Su estilo de vestir era muy cool, además su cabello era corto ya que le llegaba hasta los hombros.

—Vine a visitarlos porque me sentía últimamente muy sola –Comentó Cecilia-. Y antes de que llegaras Maye, le estaba comentando a Rihanna que ahora que terminarás la escuela, deberías venir a estudiar alguna carrera en una universidad de Madrid.

—Me encantaría, pero me gustaría pensarlo tía –Dijo Maye-. ¿Cuánto tiempo te vas a quedar con nosotros?

—Había pensando una semana –Respondió Cecilia.

—Perfecto. Justo es el tiempo que necesito para pensarlo, además precisamente en una semana es mi graduación –Dijo Maye.

Así fue pasando aquella semana; en los días de clase en el instituto, la maestra llamaba a lista y cuando mencionaba el nombre de Maye, Andrés miraba al pupitre y lo encontraba vacío. Miraba con nostalgia y arrepentimiento.

Maye por su parte, también pensaba en Andrés, suspiraba con pesar. Una de aquellas tardes, ella estaba frente al tocador, se maquillaba y se preocupaba más por su aspecto. Había decidido ser Mía tanto en lo físico como en lo sentimental, pero no dejó atrás los nobles sentimientos que caracterizaban su anterior personalidad, la de Maye. Comprendió que Valeria tenía razón y su inseguridad había estado reflejada toda su vida en la chica tímida y sencilla.

Otra tarde, un día antes de la graduación, Maye estaba en la oficina del rector del instituto hablando:



—Le agradezco mucho señor rector –Le agradeció Maye.

—De nada señorita Swan –Dijo el rector-. La verdad me sorprende. Es la primera vez que una estudiante no desea asistir a su graduación.

—Bueno, es que no lo veo como algo tan importante –Dijo Maye-. Además tengo motivos para no asistir. Motivos muy fuertes que reservo para mí sola. Espero que comprenda.

—Claro, comprendo –Dijo el rector-. Bien, aunque no asista, no significa que no ha terminado su bachillerato. Aquí tiene su diploma, su certificado, el boletín de las calificaciones del último período y otro diploma reconociendo su bien desempeño académico. Felicitaciones.

El rector sonriendo le entregó a Maye una carpeta que contenía los papeles que él había mencionado, la cual la joven recibió. Ella se levantó del puesto y se despidió:

—Nuevamente gracias –Dijo Maye que finalmente se retiró de la oficina.

Mientras caminaba por el corredor del instituto que estaba desolado, Maye no se detenía a pensar o a mirar con nostalgia. Al contrario, caminaba recta y segura hacia a la salida, sin desviar su mirada a ninguna parte. Por otro corredor, Andrés venía con dos amigos riendo y justo él vio pasar a Maye de largo. El joven se quedó sorprendido. Laura en ese momento vino hacia Andrés y atrevidamente lo tomó del brazo:



— ¡Hola Andrés! –Dijo Laura sonriéndole- Quería invitarte a comernos un helado. ¿Qué te parece?

—Laura, acabo de ver a Mía –Dijo Andrés exaltado-. ¡Acabo de verla pasar!

— ¿Aún sigues pensando en esa después de lo que te hizo? –Preguntó Laura con cierto fastidio- ¿No te has dado cuenta Andrés? ¡Mía no existe! Mía sólo fue el disfraz que la fea de Maye utilizaba para enredarte. Entiéndelo.

Y en vista de las palabras de Laura, Andrés suspiró asentando con la cabeza. Esa misma tarde, Maye fue a la iglesia. Entró despaciosamente y puso sus rodillas sobre la rodillera de madera de una de las bancas, elevando su rostro al altar. La muchacha comenzó a orar:



—Dios mío. Vengo ante ti en este momento para pedirte perdón por haberle mentido a Andrés, porque con mis mentiras le he causado mucho daño y dolor. Te pido perdón Señor. Ayúdame por favor a comenzar una nueva vida. Ayúdame a olvidarlo. Te lo pido… Amén.

Al día siguiente, en el aeropuerto de la ciudad, Maye estaba con su tía Cecilia, despidiéndose de todos sus seres queridos. Había aceptado ir a estudiar a Madrid. Estaban presentes sus padres Rihanna y Damián y su mejor amiga Valeria. Primero se despidió de Valeria:



—Ay Maye, me da mucha tristeza que te vayas –Dijo Valeria tomando las manos de Maye.

—Créeme que a mí también Vale –Confesó Maye-. Me da pesar dejarte a ti y a mis padres, pero así como he pasado buenos momentos, también han sido los malos. Necesito empezar de nuevo.

—Te entiendo, pero no vayamos a perder el contacto, eh –Dijo Valeria-. Nos tenemos que comunicar por mail o por Facebook para que no nos vayamos a echar mucho de menos.

—Claro –Convino Maye-. Y mejor vete rápido. No vaya a ser que llegues tarde a la graduación.

Valeria sólo le sonrió, se alejó y les dio paso a los padres de Maye para que éstos se despidieran de su hija.



—Adiós mamá, adiós papá. A ustedes también los voy a extrañar muchísimo –Dijo Maye-. Pero les prometo que les voy a escribir por mail, así nos mantendremos comunicados.

—Así será hija –Dijo Damián-. Vamos a comprar un computador directamente del centro comercial e instalaremos el servicio de Internet en casa. Así de paso le enseño a tu madre a manejarlo.

— ¡Qué bueno! –Exclamó Rihanna- Hacía mucho tenía propuesto aprender. Cuídate mucho Maye. No te saltes las comidas y no te acuestes tarde. Estaré llamando a Cecilia para que me digas como vas.

—Ay mamá, siempre tan sobre protectora –Comentó Maye riendo-. También cuídense mucho los dos. Adiós.



—Bueno Maye, ya te despediste. Vamos a abordar el avión que si no, nos deja –Dijo Cecilia asustada.

—Claro tía –Dijo Maye.

La joven le dio una última mirada a sus seres queridos y posteriormente, entró con su tía a la entrada por la que podrían abordar el avión correspondiente. Maye se dispuso a comenzar una nueva vida en España. Se sentó en el puesto junto a Cecilia y miró con nostalgia por la ventanilla.

Esa noche se celebraba en el instituto la fiesta de graduación. Todos bailaban al ritmo de música electrónica. Valeria hablaba con un grupo de chicas, tomando todas unas bebidas. Andrés se acercó e interrumpió la charla.



—Disculpen por favor. Valeria, tengo algo que preguntarte –Le dijo Andrés.

—Claro Andrés. Ya vengo chicas –Les dijo Valeria a sus acompañantes y acto seguido, se alejó de ellas con Andrés-. ¿Qué querías preguntarme?

—Bueno, ya tu amiga debió haberte contado todo supongo –Dijo Andrés-. Con eso me refiero a que descubrí que ella era Mía. No sé por qué lo hizo, ella iba a explicármelo todo el último día que hablamos, pero yo no la dejé.

—Pues sí, Maye me lo contó todo –Dijo Valeria-. Y me dijo muy triste que la trataste de mentirosa, aunque debes que ella estaba dispuesta a confesarte todo, pero tú te enteraste primero.

— ¿Tú lo sabías todo Valeria? –Le preguntó Andrés- Quiero decir. ¿Sabías que ella llevaba una doble vida?

—Sí, yo lo sabía desde que Maye se presentó en mi fiesta de cumpleaños –Respondió Valeria-. Pero como sabrás, en mi papel de amiga yo no podía contarte nada. Lo entiendes, ¿no? Además…

—Fuiste su cómplice, lo sé, no tienes que explicarme –Le interrumpió Andrés-. Valeria, te voy a confiar algo. Yo amo a Mía o más bien a Maye, me duele lo que me hizo, pero aún así la amo. Quería preguntarte cuál es el número de su celular o dónde vive, necesito hablar con ella y pedirle perdón por como la traté.

—Andrés, desgraciadamente Maye se fue hoy del país –Le contó Valeria con una triste expresión-. Se fue a España con una tía porque decidió estudiar allá. No vino en toda esta semana ni se presentó a la graduación porque tú le dijiste que no querías verla y ella tampoco quiere verte. Lo siento mucho.

—No te preocupes, está bien –Dijo Andrés forzando una sonrisa, pero en su interior, él sentía un inmenso vacío.

En toda la madrugada, Andrés no pudo conciliar el sueño. Le perturbaba la idea de tener a Maye tan lejos. Recordaba los momentos que había pasado con Mía, cuando ella lo dejaba impresionado con su porte y estilo, pero también recordó algunos momentos en que se burlaba de Maye cuando era una muchacha sin mucho atractivo físico, como una vez en que ella, pasando con la bandeja del almuerzo en el restaurante del instituto, por accidente se resbaló y todos los presentes se rieron.



En Madrid, ya era de día. Maye llegó con Cecilia al cómodo apartamento de ésta última. La joven fue hasta su cuarto y empezó a instalarse, desempacando su ropa de la maleta. Cecilia entró y le preguntó algo preocupada:



—Maye desde que estábamos en el avión te he notado algo distante. ¿Qué te pasa?

—No te preocupes tía Ceci –Respondió Maye-. Es sólo que nunca había viajado tan lejos de mi casa y no llevamos un día de haber llegado a España y ya extraño mucho a mi familia.

—Puedes llamarlos para avisarles que ya te estás instalando –Dijo Cecilia.

—Tal vez más tarde –Dijo Maye-. La verdad voy a tener una agenda muy apretada estos días. Debo buscar una buena universidad y un trabajo de medio tiempo para ayudarte con los gastos y con lo que yo necesite como ropa, objetos de aseo personales. Ya sabes…

—Claro, claro –Dijo Cecilia sonriéndole a Maye-. Eres una muchacha muy buena. Por eso estoy segura que te va a ir muy bien en la vida.

—Gracias tía. Espero que así sea –Dijo Maye.

— ¿Y qué piensas estudiar en la universidad? –Preguntó Cecilia curiosa.

—Estoy pensando seriamente en estudiar pediatría. Ser la doctora de los niños me llenaría de satisfacción –Respondió Maye algo emocionada.

Entretanto, en Bogotá (Colombia), Andrés caminaba por un vecindario, mientras hablaba por celular con Valeria.



—Gracias Valeria. Ya voy llegando a la casa de Maye –Dijo Andrés.

—De nada, pero allá te van a decir lo mismo que yo te dije anoche. Maye salió del país a estudiar –Dijo Valeria.

—Y te creo, es sólo que pensaba pedirle el número telefónico a la mamá el número telefónico de la casa donde Maye está viviendo ahora –Dijo el joven parándose frente a la fachada de la casa de Maye.

—Debes estar loco, sería una llamada internacional –Le comentó Valeria.

—Te dejo. Ya llegué –Dijo Andrés, quien acto seguido colgó el celular. Tocó el timbre de la casa y pasaron unos momentos después para que Rihanna, la mamá de Maye, abriera la puerta.



—Buenos días señora –Le saludó Andrés sonriendo.

—Buenos días. ¿Qué se le ofrece joven? –Preguntó Rihanna.

—Soy compañero de estudio de Maye, me contaron que salió del país y supongo que esta es su casa y usted es su madre –Dijo Andrés.

—Sí, Maye es mi hija y vivía aquí, pero como le dijeron, se fue a estudiar a Europa –Contó Rihanna.

—Entiendo. ¿Y no podría decirme cuál es el número de la casa donde ella vive ahora? –Preguntó Andrés con bastante interés.

Rihanna sólo le sonreía a Andrés. Cuando llegó la noche en España, Maye estaba en su cama. Ya había arreglado su cuarto y hablaba por celular con Valeria.



— ¡Esta llamada me va a costar un ojo de la cara Valeria! –Exclamó Maye riendo.

—Qué tacaña eres –Comentó Valeria bromeando-. Pero va a valer la pena con lo que te voy a contar.

—Pues lo que sea dímelo rápido. Aunque por allá sean las seis de la tarde, aquí es media noche y me quiero ir a dormir. No he parado de organizar mi cuarto en todo el día –Dijo Maye.

—Bueno, es que Andrés anda como loco tratando de hacer contacto contigo –Respondió Valeria-. Me ha pedido de mil maneras tu número de celular, pero no me he atrevido a dárselo por no traicionar tu confianza.

—Y te agradezco que no lo hayas hecho Vale –Dijo Maye algo seria-. Sonará muy duro lo que voy a decir, pero no quiero volver a saber nada de Andrés. ¿Será él el chico del me habló mi mamá?

— ¿Qué chico? –Preguntó Valeria con extrañeza.

—No sé, antes de llamarte a ti, llamé a mi casa en Colombia y mi mamá me dijo que un chico me había visitado y pidió el número telefónico de aquí –Le contó Maye.

—Pues entonces si era Andrés –Dijo Valeria-. Él fue a tu casa esta tarde porque yo le di la dirección. ¿Y tú mamá le dio el número?

—No, si ella ni siquiera lo sabía –Respondió Maye-. Y por favor Valeria, te pido que no le des nada, ningún tipo de información relacionada conmigo a Andrés, por favor. Prométemelo.

—Está bien, te lo prometo –Le aseguró Valeria.

—No entiendo qué hace buscándome. Él me dijo claramente que no me quería ver –Dijo Maye.

—Es que él está arrepentido Maye, arrepentido por como te trató –Dijo Valeria-. Me dijo que a pesar de todo, te amaba.

—La verdad no quiero seguir perturbándome por lo mismo –Dijo Maye-. Quiero olvidar y no quiero llorar más por el pasado.

—Pero algún día volverás de nuevo y posiblemente te reencuentres con Andrés –Dijo Valeria-. Tendrás que enfrentarlo.

—Para cuando eso suceda ya habrá pasado mucho tiempo y espero que Andrés haya olvidado todo, porque conmigo sí será así y Mía sólo va a quedar como un mal sueño, una fantasía que tuve en mi interior –Concluyó Maye.

Fue así como pasó el tiempo; un año y medio exactamente y durante ese lapso de tiempo, Maye estudió en la universidad pediatría con el dinero que su padre Damián le enviaba mensualmente. También de vez en cuando trabajaba como maestra de primaria suplente para colaborarle a su tía Cecilia con los gastos y se llevaba muy bien con los niños.

Por otra parte, la vida de Andrés también había cambiado; se había convertido en el director ejecutivo de la empresa de productos de belleza de su padre. Vivía en un lujoso apartamento con preciosa vista y tenía un auto último modelo negro.

En sus vacaciones, Maye aprovechó para hacerle una visita a todos sus seres queridos. Viajó a Colombia, sin embargo nadie fue a recibirla, puesto que se trataba de una sorpresa y no había avisado a nadie de su llegada. Casualmente a la salida del aeropuerto, Maye y Andrés pasaron muy cerca, pero ninguno de los dos se vieron por la prisa que tenían. Maye tomó un taxi, mientras Andrés hablaba por celular para recibir un cliente.

CONTINUARÁ…

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