viernes, 17 de enero de 2014

Capítulo 6: Final sin dilema (2º parte)

Maye acababa de llegar a la empresa de cosméticos, reencontrándose con Laura. Las dos chicas no pudieron evitar sorprenderse. Laura al verla entendió que ella era el motivo por el que Andrés terminó su noviazgo. Andrés salió de su oficina.



—Pero claro. Ya sé por qué me terminaste –Le dijo Laura a Andrés- Fue por ella, ¿verdad? ¡Porque la fea regresó y ahora quieres andar detrás de ella! ¡Anda, dímelo Andrés! Me terminaste porque la fea de Maye regresó. ¿No es así? ¡Respóndeme!

Maye estaba desconcertada frente al comportamiento de Laura. Algunos empleados de la empresa miraban curiosos la escena.

— ¡Ya no más Laura! ¡Ya no sigas armando un escándalo y menos aquí! –La regañó Andrés, tomándola del brazo.

— ¡No te atrevas a tocarme! –Gritó Laura soltándose bruscamente- Mejor dime de una vez la verdad. Confiesa que me terminaste por Maye, porque regresó de donde estaba. Y como tú sigues tan enamorado de ella desde la secundaria, no dudaste en seguirle los pasos.

—Lo mejor es que me retire y vuelva más tarde –Dijo Maye.

—No Maye. Tú no tienes por qué irte. La única que debe hacerlo es Laura –Dijo Andrés-. Lo mejor es que te vayas Laura, porque si sigues en el mismo plan de gritar, me veré obligado a llamar a seguridad.

— ¡Imbécil! Pero reitero lo que te dije. ¡Esto no se va a quedar así! –Exclamó Laura- ¡Tanto tú como esa fea me las van a pagar! Si no eres para mí, mucho menos para ella.

Laura les lanzó una mirada fulminante a Maye y Andrés. Luego pasó y empujó a Maye con el hombro.

—Por favor vuelvan todos a sus trabajos. No ha pasado nada –Les dijo Andrés a los empleados.

—Por lo logré entender de lo que dijo Laura, al parecer son novios –Dijo Maye.

—Éramos novios –Le corrigió Andrés-. Precisamente acabo de terminarle por ti Maye. Por Laura jamás sentí nada más que aprecio y esa relación que llevábamos sólo era dañina para los dos, así que decidí ponerle fin a todo para poder estar con quien realmente amo. Contigo…

—Yo también deseo estar contigo Andrés. Eso es lo que más deseo en estos momentos –Confesó Maye sonriendo-. Ya me siento aliviada, porque no hay confusiones ni malentendidos entre nosotros, ni tampoco nada que deba ocultar. ¡Me siento feliz a tu lado!

Andrés emocionado por las palabras de Maye, la estrechó entre sus brazos con ternura. Ella se aferró al cuerpo de él.

—Quiero proponerte algo –Le susurró Andrés-. ¿Te gustaría ser mi novia Maye Swan?

— ¡Con mucho gusto! –Exclamó Maye sonriendo- Eso quiero ser durante mucho tiempo, que nunca se acabe. Te amo Andrés…

De esa manera fueron pasando los meses. El amor entre Maye y Andrés cada vez era más grande, más fuerte. Los padres de Maye aprobaron el novio de su hija, al igual que lo hicieron los padres de Andrés y aunque ellos eran más ocupados, Maye les dejó una buena impresión en el primer momento en que se relacionaron.

Maye no abandonó sus estudios universitarios; por el contrario, los continuó en una universidad de la ciudad. También siguió siendo profesora suplente en el colegio en que estudiaba Max y gracias al apoyo de Maye y de Andrés, el niño cambió de actitud y comenzó a comprometerse con sus estudios y a ser más sociable. Por supuesto, Maye y Valeria no dejaron a un lado su amistad y continuaron siendo las inseparables amigas de siempre.

Tres meses después, se estaba celebrando el cumpleaños número siete de Max. Los padres de Maye y Valeria asistieron a la fiesta. También habían sido invitados otros niños y personas cercanas a la familia de Andrés. Éste último estaba con Maye, abrazándola.



—Me parece muy mal que mis padres no hayan podido asistir al cumpleaños de Max –Le comentó Andrés a Maye-. Mi pobre hermanito debe sentir cierta tristeza por eso y creen que llenándolo de regalos van a hacerle pensar que son padres abnegados.

—Pues aunque tus padres sean distantes con Max, él también debe tener en cuenta que nos tiene a ti y a mí que siempre lo apoyaremos –Dijo Maye, quien por cierto estaba espléndidamente bella.

En ese momento, Maye logró ver que Laura entraba a la fiesta llevando un regalo envuelto y sonriendo con hipocresía.



— ¡Pero que cínica! ¿Qué hace Laura aquí? –Se sorprendió Maye de la indignación.

— ¿Cómo se atrevió a venir después de que Max nos confesó que Laura le pegaba? –Dijo Andrés también muy indignado- Ya mismo le diré que se vaya- No es bienvenida aquí si no es para pedir disculpas por su actitud.

Andrés fue hacia Laura. Maye fue tras él. Laura al verlos, les sonrió:

—Hola. ¿Cómo están? –Los saludó Laura- Vine porque sabía que era el cumpleaños de Max y decidí traerle un obsequio para que sepa que aún le guardo cariño. Extraño tanto al niño…

—Lo mejor es que te vayas aquí. Max no necesita de tus obsequios –Dijo Andrés con severidad- ¿Crees que no sé que lo maltratabas? ¿Cómo puedes atreverte a venir después de eso?

—Por eso mismo vine Andrés, porque estoy arrepentida de mi comportamiento, de mi actitud –Dijo Laura-. Yo sé que no fui una buena persona. Vine para hacer las paces con ustedes, para demostrarles que estos meses que han pasado reflexioné y he cambiado. Denme una oportunidad.

— ¿Estás siendo realmente sincera con nosotros Laura? –Preguntó Maye.

—Por supuesto Maye. De hecho, te pido disculpas por cómo te he tratado –Dijo Laura-. Lo siento, de verdad.

—Está bien Laura, acepto tus disculpas –Dijo Maye-. Para mí una persona que reconoce sus errores es muy valiosa. Muchas gracias por venir, pero tampoco olvides disculparte con Max, con él más que nadie, porque al haberle pegado, cometiste una arbitrariedad.

—Lo sé y créanme que estoy muy arrepentida –Dijo Laura-. ¿Y dónde está Max? Me gustaría pedirle de una vez disculpas y darle el regalo que le traje.

Andrés llamó a Max. El niño vino y al ver a Laura, hizo un mal gesto en el rostro. Laura se inclinó para hacerse a su altura.



—Hola Max –Le saludó Laura-. Sé que no debes mirarme con buenos ojos. Estoy consciente de que no fui buena contigo y lo lamento muchísimo. Te hice pasar malos momentos. Fui mala y lo reconozco. ¿Me perdonarías?

Max se quedó un breve momento pensativo y miró a Andrés y a Maye. Luego volvió a mirar a Laura.

—Sí Laura. Te perdono –Dijo Max.

—Muchas gracias. Me haces muy feliz con eso. Te traje algo especial. Espero que te guste –Dijo Laura que acto seguido le entregó el regalo a Max. Max lo recibió.

—Gracias –Agradeció Max.

Un par de horas más tarde, Laura estaba sola en el baño. Se miraba en el espejo con una mirada de odio. Había fingido que había cambiado, pero en realidad su odio hacia Maye había aumentado más sabiendo que se convirtió en novia de Andrés.



—De mí nadie se burla, nadie me humilla y menos esa fea que logró arrebatarme a Andrés con esa falsa cara bonita que tiene –Se dijo Laura- ¡Se tiene que morir! ¡Que se muera!

Laura sacó de su bolso un frasco pequeño de veneno. Lo miró, mientras reía malévolamente y luego salió del baño. Por otra parte en la fiesta, Maye estaba hablando con sus padres. Valeria estaba presente.



—Hija. ¿Y para cuándo vamos a tener boda? –Preguntó Rihanna emocionada.

— ¡Ay mamá! ¡Todavía es muy pronto para eso! –Exclamó Maye- Aunque siempre y cuando haya amor, nunca es muy pronto ni nunca es muy tarde.

—Maye, tú sabes que siempre podrás contar con nosotros y con nuestro apoyo –Dijo Damián-. Pero no vayas a dejar a un lado tus estudios, tus metas para hacerte cargo de un hogar tan pronto. Hazlo cuando ya estés preparada.

—Claro que sí papá. Eso lo tengo muy en cuenta –Dijo Maye.

—Bueno. No sé ustedes, pero a mí me dio sed –Dijo Valeria-. ¿Quieren que les traiga algo de tomar?

—Yo quiero ponche –Respondió Damián.

—Yo también. Me encanta, hace rato no tomo –Dijo Rihanna- Gracias Valeria.

—De nada señor y señora Swan. ¿Y tú no quieres nada de tomar Maye? –Preguntó Valeria.

—Sí Vale, gracias. Un refresco helado estaría bien. Hace calor –Dijo Maye.

Valeria fue hasta la mesa donde estaban servidas las bebidas. Sirvió ponche en dos vasos para Rihanna y Damián, y luego sirvió una gaseosa con sabor a uva en otro vaso para Maye. En ese momento se le acercó Laura.



—Hola Valeria. ¿A dónde vas con tantas bebidas? –Le preguntó Laura.

—Se las iré a llevar a Maye y sus padres –Respondió Valeria.

— ¿Ah sí? –Preguntó Laura un poco pensativa- ¿Por qué no me dejas y te ayudo? No puedes llevar tres bebidas tú sola.

—No te preocupes Laura, puedo poner los vasos en una bandeja –Dijo Valeria.

— ¡Se me olvidaba! Andrés te está buscando –Mintió Laura-. Me dijo que quiere darle una sorpresa a Maye y necesita de tu ayuda. Por la manera en que lo dijo, parece que te necesita con prisa. Está en la cocina.

— ¿En serio? –Se extrañó Valeria- Me pregunto qué clase de sorpresa será… Bueno, en ese caso, ya vengo. Cuida que nadie vaya a tomar las bebidas que serví.

—Por supuesto Valeria. Estaré pendiente –Dijo Laura sonriendo hipócrita.

Valeria fue hasta la cocina, convencida de que Andrés la estaba buscando, pero en realidad era una mentira que había inventado Laura. Ésta última, disimuladamente, sin que nadie la viera, sacó el veneno de su bolso. Lo destapó rápidamente y lo vertió en una de las bebidas.

—Ya me encargaré de que la fea de Maye se tome la bebida donde vertí el veneno –Se dijo Laura mientras seguía echándolo.

A lo lejos, Valeria venía y logró ver lo que estaba haciendo Laura. Se quedó observándola. Laura tomó la bebida envenenada y se fue con ella para llevársela a Maye.

— ¿Qué irá a hacer Laura? ¿Qué sería lo que le estaba echando a una de las bebidas? –Se preguntó Valeria intrigada.

Valeria decidió seguir a Laura y se asustó en gran manera al ver que ella le entregaba el vaso con el líquido envenenado a Maye.

—Valeria me pidió que te trajera esto Maye –Le dijo Laura a Maye entregándole el vaso. Maye lo recibió algo extrañada.

—Gracias Laura, pero esto es ponche. Yo le pedí a Valeria un refresco de uva –Dijo Maye.

— ¿Y por qué no te lo tomas de todos modos? –Preguntó Laura- Está sabroso, muy refrescante. Vamos, tómate el ponche.

—Está bien, sólo porque no quiero hacerte perder la venida hasta aquí por traérmelo –Dijo Maye sonriéndole.

Maye se bebió el ponche, al tiempo que Laura sonreía con una enorme satisfacción. Valeria llegó muy asustada, pero ya era tarde.

— ¡Maye no! ¿Por qué te tomaste eso? –Le preguntó Valeria muy alterada- ¿Por qué? ¡No debiste! ¡Escúpelo!

— ¿Qué te pasa Valeria? ¡Cálmate! –Dijo Maye- ¿Qué tiene de malo el ponche?

— ¡Laura le echó algo! –Respondió Valeria- Yo vi cuando se quedó sola con las bebidas que serví. Le echó algo a ese ponche.

—Estás alucinando Valeria. No le he echando nada a la bebida –Mintió Laura-. Estás viendo demasiadas películas y ves cosas donde no las hay.

— ¡No trates de tomarme por tonta Laura! –Dijo Valeria- Yo vi cuando sacaste un frasquito de tu bolso y lo echaste todo en esa bebida de la que Maye acaba de tomar. ¿Qué es eso? ¿Veneno? ¡Responde!

De repente, Maye soltó el vaso muy consternada, dejando regar todo el líquido que contenía sobre el piso.

— ¿Estás bien Maye? ¿Qué sientes? ¿Te pasa algo? –Le preguntaba Valeria muy angustiaba, pero Maye empezaba a sentirse mal del estómago.

— ¡Siento un dolor horrible en el estómago Valeria! ¡Aaaaaaaaaaaah! –Gritó Maye adolorida, llevándose las manos al estómago.

— ¡Ay Dios mío! ¡Ayúdenme, por favor! ¡Ayúdenme! ¡Hay que llevar a Maye a un hospital! –Gritó Valeria a viva voz.

Rihanna y Damián se acercaron preocupados por la cara adolorida que tenía su hija. Algunos invitados a la fiesta se acercaron también. Andrés vino pasando entre la gente mucho más preocupado y al ver a Maye tan débil, la cargó en sus brazos y la sacó de la fiesta. Max le preguntó a Valeria:



— ¿Qué le pasó a Maye, Valeria?

—No sé Max, pero creo que es algo grave –Respondió Valeria muy preocupada.

Valeria logró ver como Laura intentaba escapar, escabulléndose entre las personas. Sin dudarlo, Valeria corrió inmediatamente a detenerla.

— ¿A dónde piensas ir? –Preguntó Valeria tomando bruscamente a Laura del brazo- Si le pasa algo a Maye, la única culpable vas a ser tú. Yo soy testigo de que le echaste algo a la bebida que ella tomó.

— ¡Suéltame ahora mismo! –Le gritó Laura.

Laura al verse descubierta por Valeria, se soltó y la empujó a una mesa. Valeria cayó sobre la mesa, por lo que Laura aprovechó para salir corriendo de la fiesta.

— ¡Detengan a Laura! ¡Ella es la culpable de lo que pasó a Maye! ¡Que no se escape! –Gritó Valeria.

Damián al oírla, salió corriendo tras Laura. Ella de la prisa por escapar, se le rompió el tacón y cayó al piso, por lo que Damián logró alcanzarla.

— ¡Tú no te vas a ningún lugar hasta que no respondas por lo que le pasa a mi hija! –Le dijo Damián tomándola del brazo.

Laura se vio acorralada y miró asustada a Damián.

Días después, Maye estaba en una habitación de hospital junto a Andrés, que la tomaba de la mano.



—Hoy te darán de alta, así que ya no tenemos nada de qué preocuparnos –Dijo Andrés-. Nos diste a todos un gran susto mi amor.

—Créeme que yo también me asusté. El dolor era insoportable –Dijo Maye-. No puedo creer que Laura intentara envenenarme.

—Pero ya está en la cárcel pagando el delito que cometió al intentar asesinarte –Dijo Andrés-. Fue un milagro que te salvaras, porque el veneno que ingeriste era muy potente y efectivo, pero como sólo tomaste un sorbo y gracias al lavado que te hicieron, es que te has recuperado tan bien.

—Gracias a Dios –Dijo Maye-. Ya quiero salir de aquí, para volver a mi vida normal, contigo, con mis padres, con Valeria, con Max, con los niños de mi clase y a la universidad.

Andrés se acercó a Maye y la besó. Ella le correspondió.

—Te amo muchísimo. Ya quiero poder vivir contigo, en una felicidad plena que no se vea empañada por nada –Le susurró Andrés.

—Ya podrá llegar ese momento mi amor –Dijo Maye-. Eso mismo deseo yo.

Los dos se unieron en un confortante y tierno abrazo.

Ya ha pasado el tiempo. Laura fue condenada a cinco años de prisión por intento de homicidio, soportando las burlas y abusos de sus otras compañeras. Por otra parte, Maye y Andrés sellaron su amor casándose, recibiendo la bendición de Rihanna y Damián. Ella continuó con sus estudios universitarios y logró graduarse de pediatra, convirtiéndose así en la doctora de los niños.

Fue después de eso que Maye y Andrés se fueron a vivir a la ciudad de Río de Janeiro en Brasil, ya que allí, Andrés fundó una sucursal de la empresa de cosméticos. Se fueron con Max quien vivió feliz con ellos. Valeria no dejó de ser amiga de Maye, y se contactaba con ella seguido a través de chat, al igual que lo hacían Rihanna y Damián.

Y toda aquella aventura en la que Maye se metió una vez, siendo una adolescente enamorada haciéndose pasar por Mía, que le trajo tantos malentendidos e infelicidades, terminó en una gran felicidad al lado del hombre que amaba. Ella no dejó de ser la bella Mía físicamente, pero tampoco dejó la belleza interior de Maye.

…FIN…

miércoles, 15 de enero de 2014

Capítulo 6: Final sin dilema (1º parte)

Maye decidió seguir a Max luego de terminar las clases, para poder hablar de una vez con algún familiar respecto a la situación del niño. Andrés esperaba a Max en el auto a las afueras de la institución. Max subió al vehículo y justo cuando Andrés iba a irse, escuchó el grito de alguien que lo detuvo:



— ¡Espere un momento señor! ¡Tengo que hablar con usted! –Le gritó Maye sin saber que era Andrés.

Andrés volteó a ver y se encontró con Maye dejándolo perplejo. Ella al reconocerlo, no pudo evitar sorprenderse bastante. Sus miradas se conectaron enseguida.

—Ella es mi nueva profesora Andrés –Le dijo Max a su hermano mayor.

Maye no podía articular ni una sola palabra por aquel inesperado reencuentro.

— ¿Eres tú? ¿Realmente eres tú Maye? –Le preguntó Andrés exaltado.

Y sin otra salida, a Maye sólo se le ocurrió retirarse de allí a todo prisa para escapar de Andrés.

—Espérame aquí Max. No te muevas. Ya vuelvo –Dijo Andrés, que inmediatamente salió del auto corriendo tras Maye.

La joven se metió a la institución. Estaba consternada por completo. Paró de caminar, se recostó sobre una pared y se llevó las manos a la boca. Andrés al verla de lejos, la llamó:

— ¡Maye! ¡Maye! ¡Espera! ¡Déjame hablar contigo! –Le gritó Andrés.

Pero Maye hizo caso omiso a los llamados de Andrés y aceleró el paso, mientras buscaba algún lugar donde esconderse. Lo único que vio fue la sala de profesores que estaba desocupada. La joven se encerró allí. Andrés por supuesto, la siguió y tocó la puerta insistentemente.

— ¡Maye! ¡Ábreme, por favor! –Exclamó Andrés- Te lo pido. Hablemos. Yo sé que eres tú…

— ¿Qué hago Dios mío? –Preguntó Maye bastante nerviosa- Es Andrés… Definitivamente es él. ¿Cómo es posible que la casualidad me juegue esta mala pasada?

— ¿No piensas abrirme? –Preguntó Andrés desde afuera- Ya pasó mucho tiempo, pero yo aún te sigo recordando. Recuerdo todo lo que pasó entre nosotros. No he tenido vida por ti… ¡Porque te amo! ¡Te amo Maye!

— ¡Usted debe estar confundiéndome con otra persona! –Le gritó Maye- Por eso le advierto que si no se va, llamaré a seguridad para que lo saquen a la fuerza de la institución.

—No pienso irme de aquí hasta verte. Yo sé que no me confundo, porque tú misma actitud por esconderte de mí te delata –Dijo Andrés.

—Váyase por favor. Le advierto de nuevo que llamaré a seguridad sino lo hace –Dijo Maye.

Andrés al ver que Maye estaba recia a no abrirle, suspiró resignado y se retiró de allí en silencio. Maye no pudo evitar quedarse consternada frente a eso y se dejó caer de rodillas sobre el piso.

Al anochecer, la muchacha estaba en una cafetería con Valeria contándole aquel reencuentro inesperado que había tenido con Andrés.



— ¡No puedo creerlo! –Exclamó Valeria- Así que Andrés resultó ser el hermano de ese niño que te preocupó. ¡Qué casualidad!

—Yo todavía no me recupero de la sorpresa, de la consternación por volverlo a ver –Dijo Maye-. Tú no sabes lo que sentí Vale. Cuando Max salió del salón, quise seguirlo hasta la salida del colegio para encarar a su hermano y hablarle de la situación del niño, cuando me llevo la sorpresa de que resulta ser Andrés.

— ¿Y tú que hiciste? ¿Hablaron? ¿Cómo reaccionó él? –Preguntó Valeria muy intrigada.

—Yo no pude hacer otra cosa que salir corriendo –Respondió Maye-. Me sentí tan confundida, tan sofocada que no se me ocurrió otra cosa. Lo peor fue que Andrés salió detrás de mí. Quería que habláramos.

— ¿Y hablaron? –Preguntó Valeria.

—No, no pudimos porque yo me encerré en la sala de profesores –Dijo Maye-. Él siguió insistiendo en que habláramos, pero yo no le quería abrir y antes lo amenacé con llamar a seguridad si no se iba. Con esto ya no sé qué hacer Valeria. Me gustaría escapar, pero no puedo.

—Te entiendo. En ese caso, tienes dos opciones –Dijo Valeria-. Una de ellas es que renuncies a tu trabajo temporal en esa institución para no volverte a encontrar con Andrés y la otra es que continúes allí, pero tomando valentía para encararlo.

— ¿Tú qué me recomendarías que hiciera? –Preguntó Maye.

—Yo no te puedo decir qué hacer Maye –Dijo Valeria-. Eso está bajo tu criterio. Todo depende de lo que tú sientas. Me dijiste ayer que aún quieres a Andrés y si él insistió en hablar contigo, lo más seguro es que él también te quiere.

—Creo que lo mejor es que hablemos para aclarar las cosas –Dijo Maye-. La verdad es que ya no quiero escapar, porque entre más lo haga, más me perseguirá el pasado y será más difícil ignorarlo. Además, debo hacerlo también por Max. El niño necesita de mi ayuda.

En la lujosa casa Acevedo, Max estaba en su cuarto jugando con un carro de juguete. Andrés tocó y luego se asomó desde la puerta.



—Max… ¿Puedo pasar? –Le preguntó Andrés.
Max le asentó con la cabeza. Andrés pasó y se sentó a su lado.

—Dime una cosa Max. Aquella muchacha que me llamó cuando estábamos en el colegio, ¿es tu nueva profesora? ¿La profesora bonita de la que tanto me hablabas? –Inquirió Andrés.

—Sí, ella es. Se llama Magerli Swan –Respondió Max-. Pero le gusta que le llamen Maye. ¿Verdad que es muy bonita?

—Sí, lo es. Es guapísima –Dijo Andrés sonriendo-. ¿Y cuándo empezó a dar clases en ese instituto?

—Ayer. Es muy buena profesora y trata a todos los niños con mucho cariño –Dijo Max-. ¿Por qué me preguntas tanto sobre ella?

—Por confirmar si es la misma persona que conocí tiempo atrás –Dijo Andrés-. Y efectivamente es la misma ahora que me dijiste su nombre.

— ¿Ya conocías a la profesora Maye? –Preguntó Max sorprendido.

—Así es. Estudiamos juntos. Fuimos muy buenos amigos, pero nos alejamos –Respondió Andrés-. Y no volví a saber nada de ellas hasta este día.

— ¿Fueron novios? –Preguntó Max sonriendo pícaramente.

—Jajajajaja. Casi lo fuimos, pero no llegamos hasta ahí –Dijo Andrés entre risas-. Pero si quieres que te diga, aún me gustaría que fuera mi novia.

— ¿Y Laura? ¡Ella es una bruja! –Exclamó Max- Es mala y gritona. No me cae bien. No te vayas a casar con ella Andrés. Mil veces preferiría que te casaras con la profesora Maye.

Andrés sólo le sonrió a su hermanito. Al día siguiente, en el Instituto, Maye estaba en la sala de profesores con otros colegas. Ya estaban a punto de comenzar las clases. De repente, entró la directora. Saludó a todos los profesores, los cuáles le correspondieron el gesto.



—Señorita Swan, vengo a anunciarle algo importante –Le dijo la directora.

—Dígame señora directora. ¿De qué se trata? –Preguntó Maye.

—He convocado a una reunión de padres de familia con los niños del grado primero –Respondió la directora-. Lo hice con el motivo de que la conozcan a usted como la nueva profesora. Puede aprovechar para platicarles a los padres sus métodos de enseñanza.

—Entiendo. ¿Y a qué horas va a ser la reunión? –Preguntó Maye.

—Justo cuando se toque el timbre de entrada. Va a ser en el salón de clases –Dijo la directora-. Me acordaba que también puede aprovechar para hablar con algún acudiente del niño Max Acevedo, si es que vienen.

La directora se retiró de la sala de profesores. Maye pensaba si en aquella reunión estaría presente Andrés y no podía evitar sentir emoción por verlo, por escuchar su voz de nuevo luego de tanto tiempo. Cuando se tocó el timbre de entrada, los padres de los alumnos del grado primero entraron al salón de clases. Los niños también estaban presentes. Maye entró y saludó sonrientes a todos:

—Buenos días señores. Qué bueno que la mayoría de todos ustedes pudieron acudir a la reunión. Como ya muchos sabrán por sus hijos, mi nombre es Magerli Swan. Soy la nueva profesora…

Y mientras Maye se presentaba con los padres, logró ver a Andrés. Ella se estremeció, pero procuró fingirlo y seguir hablando. Varios minutos después, se tocó el timbre de recreo. La reunión terminó y algunos padres de familia que tenían dudas, se acercaban a Maye. Ella les aclaraba todas sus cuestiones y se iban yendo. El último en salir fue Andrés junto a Max. Los dos se acercaron a ella. Maye no sabía qué decir al tener al frente a Andrés.



—Max, sal un momento mientras me quedo platicando con tu profesora –Le dijo Andrés a Max.

Max obedeció y salió del salón de clases. Una vez solos, el silencio se apoderó de la escena. Maye no se sentía capaz de sostenerle la mirada a Andrés. Él por su parte sí la miraba fijamente y fue el primero en hablar.

—Hace mucho tiempo no nos veíamos –Dijo Andrés-. Exactamente hace un año y medio. Y no has cambiado nada, como tampoco ha cambiado lo que siento por ti.

—Andrés, yo… Lamento todo lo que sucedió entre nosotros –Dijo Maye-. Lamento haberme escapado de ti ayer. Perdóname por haberte engañado hace tiempo. Sé que por más enamorada que hubiera estado de ti, no tiene justificación la manera en como te engañé. Perdóname…

— ¿Perdonarte? –Se sorprendió Andrés- Lo siento, pero no puedo hacerlo, porque simplemente no hay nada que perdonar Maye. Quién debe pedirte perdón soy yo por como te traté el último día en que hablamos. Me arrepiento de las palabras tan duras que te dije. Me dejé cegar por el dolor… Por el orgullo. Perdóname tú a mí por favor.

—Está bien. Lo mejor es que dejemos este bochornoso asunto en el pasado –Dijo Maye sonriéndole-. Todo este tiempo, aunque traté de llevar una vida normal, no podía evitar recordarte y sentir esa agobia incrustada en el pecho. ¿Y sabes? Justo ahora está desapareciendo.

—Créeme que me pasa lo mismo, pero aún me falta aclarar algo más –Dijo Andrés-. ¿Tú todavía me amas Maye? ¿Me amas tanto como para hacerte pasar de nuevo por otra persona? Por favor sé sincera conmigo. Te lo suplico.

—Sí Andrés… Te sigo amando con toda mi alma –Respondió Maye al tiempo que sus ojos se nublaban de lágrimas- Te amo y no puedo controlarlo al sólo acordarme de ti, de tu forma de ser, de tu voz, de tu rostro. Entonces me invaden los deseos de quedarme a tu lado y no apartarme.

Andrés al escuchar las palabras de Maye, sonrió emocionado. Se acercó a ella y limpió sus ojos con delicadeza.

—Yo también te amo Maye –Le susurró Andrés-. Te quiero. Quiero estar a tu lado y ahora que estamos tan cerca, no quiero volver a perderte nunca más.

Andrés besó a Maye y ella sin dudar, le correspondió. Los dos se fundieron en un apasionado, mágico y romántico beso. Se arrinconaron contra el tablero y continuaron besándose. Andrés la tomó la cintura y Maye rodeó el cuello de él con sus delicados brazos. Ninguno quería apartarse del otro, no querían que el momento se detuviera. Sólo eran ellos dos. Ese duradero beso compensaba todo el tiempo que ambos estuvieron separados. Parecía que jamás hubieran estado lejos.

Max miraba feliz la escena desde la entrada del salón. De repente, los otros niños se acercaron y al ver lo mismo, comenzaron a aplaudir felices por la pareja. Maye y Andrés dejaron de besarse y rieron entre sí avergonzados por el acto que presenciaron los niños.

Esa misma tarde, Andrés fue a su trabajo en la empresa de la que era director ejecutivo. Llegó con Max. Laura esperaba afuera de la oficina impaciente y al ver a Andrés, le reclamó por su ausencia:



— ¡Por fin te dignas a llegar! –Exclamó Laura- ¿Dónde estabas Andrés? Llevo esperándote más de una hora aquí soportando el calor tan horrible que hace.

—Mereces eso y mucho más –Le dijo Max sacándole la lengua. Laura sonrió hipócrita frente al gesto del niño, pero por dentro, aguantaba sus ganas de golpearlo.

—Discúlpame Laura, pero tenía que asistir a una reunión del colegio de Max –Respondió Andrés-. Qué bueno que estás aquí, porque tenemos que hablar seriamente.

— ¿Así? ¿Sobre qué? –Preguntó Laura extrañada.

—Sobre nuestra relación, pero preferiría que lo habláramos en mi oficina –Dijo Andrés-. Max, tú espérame aquí afuera. Mientras tanto puedes ir haciendo tu tarea. Ya Maye me comentó que nunca cumples con tus actividades, así que de ahora en adelante eso va a cambiar. ¿Entendido?

—Sí Andrés. Ya me pongo a hacer mi tarea –Dijo Max.

Andrés y Laura pasaron a la oficina. Laura estaba muy intrigada por lo que Andrés iba a hablarle, además también estaba extrañada, ya que le había parecido escuchar el nombre de Maye en boca de Andrés. Una vez pasaron a la oficina, tomaron asiento.

—Y bien mi amor. ¿Qué es eso qué necesitas hablar conmigo? –Preguntó Laura cruzando las piernas.

—Laura, seré breve, pero conciso –Dijo Andrés-. Creo que tienes razón y esta relación que llevamos parece cualquier cosa, menos una de novios. Por eso he tomado la decisión de que… terminemos, de que demos a fin a esta farsa que nos está afectando.

Laura se quedó fría ante las palabras de Andrés. En otra parte, Maye estaba en su casa con Valeria charlando animadamente en la sala. Maye le había acabado de contra a su amiga el reencuentro con Andrés.



— ¡No puedo creerte Maye! ¡Simplemente no puedo! –Exclamó Valeria emocionada- ¿En serio se besaron? ¿Van a ser novios oficiales?

—Sí Vale, así como te acabo de contar. En serio nos besamos como si el tiempo jamás hubiera pasado –Dijo Maye-. Sentí algo tan bonito dentro de mí, como si se hubiera detenido el tiempo. Y sobre lo de novios oficiales, aún no lo sé a ciencia cierta.

— ¿Y tú qué crees? –Le preguntó Valeria.

— ¡Te digo que no sé! –Exclamó Maye- Pero sería lo más normal, ¿no? Lo que me haría más feliz de lo que ya soy. Ser su novia, casarnos, vivir juntos, despertarme cada día y que su rostro sea lo primero que vea.

En ese momento, Rihanna vino a traerles un postre con un poco de café.



— ¿De qué tanto hablan tan emocionadas chicas? –Preguntó intrigada Rihanna.

—De cosas de chicas señora Rihanna –Respondió Valeria.

— ¡No puedo creerlo! ¿Tendrán secretos conmigo? –Se sorprendió Rihanna.

—No lo tomes así mamá –Dijo Maye-. Ya te contaré a su debido tiempo, así como también le contaré a papá.

—Mmm, eso me huele a que nos vas a presentar a un novio –Supuso Rihanna- ¿Es eso Maye? ¿Estás enamorada de algún hombre?

Maye miró a Valeria. Ésta última le hizo un gesto para que finalmente le contara a Rihanna. Maye accedió y le respondió a su madre.

—Así es mamita. Estoy enamorada de un hombre maravilloso –Respondió Maye.

— ¡No puede ser! ¡Se enamoró de mi niña! –Exclamó Rihanna con cierto tono de emoción.

Inmediatamente Rihanna se sentó al lado de su hija y la abrazó contenta por eso.

—Tienes que presentárnoslo en cuanto antes a tu padre y a mí –Dijo Rihanna-. Pero cuéntame todo. ¿Cómo lo conociste? ¿Fue hace tiempo o hace poco? ¿Y dónde vive? Y sobretodo… ¿Cómo se llama?

—Mamá, son muchas preguntas. Déjame al menos responder una por una –Dijo Maye entre risas-. Se llama Andrés…

Maye comenzó a hablarle de Andrés a su madre. Valeria en el fondo se tomaba el café en silencio, pero sonriendo.

En la oficina de Andrés, Laura seguía fría e impactada por las inesperadas palabras de Andrés.



— ¿Qué estás diciendo mi amor? ¿Es acaso una broma de mal gusto? –Preguntó Laura consternada.

—No Laura. Es en serio, no es ninguna broma –Respondió Andrés-. Tú misma has dicho muchas veces lo destructiva que esta relación resulta para los dos. Siempre has tenido razón, pero yo no lo aceptaba.

— ¡Pero no entiendo! –Gritó Laura- ¿Cómo es eso de que quieres romper conmigo? ¿Por qué? ¿Qué te hizo cambiar de opinión así?

—Ya te lo he dicho Laura. Esto nunca ha funcionando ni funcionará –Dijo Andrés-. Esta relación se ha vuelto monótona, aburrida, sin sentido porque yo no siento más que aprecio por ti. No podemos seguir así. Entiéndelo.

— ¡Yo no entiendo absolutamente nada! –Exclamó Laura furiosa al tiempo que se levantaba de la silla. Andrés también se levantó para intentar calmarla.

—Por favor cálmate Laura. Piensa las cosas y verás que tengo razón –Dijo Andrés.

— ¡No me calmo ni pienso nada! –Dijo Laura histérica- ¿Qué crees que soy yo Andrés? ¿Un juego con el que puedes pasar el rato? ¿¡Qué crees que soy!? ¿Cómo te atreves a humillarme de esta manera? ¡Eres un desgraciado!

—Laura, por favor –Dijo Andrés, pero Laura le interrumpía con sus gritos histéricos.

— ¡Cállate! ¡No merezco lo que me estás haciendo! –Dijo Laura llorando- Yo a ti te amo. Fue por eso que todo este tiempo soporté que me humillaras con tus desplantes y falta de amor. Era por eso que siempre te lo reprochaba para que te dieras cuenta del daño que me hacías.

—Por eso mismo es que quiero acabar de una vez con esto, para no seguirte haciendo daño como dices –Dijo Andrés-. Sé que me he portado mal contigo. Lo reconozco. Por eso acepta mi decisión de terminar este absurdo noviazgo.

— ¡Eres un patán! ¡Un maldito desgraciado! –Le gritaba Laura, arrojando todos los objetos del escritorio al piso- ¡Esto no se va a quedar así Andrés! ¡Me voy a vengar de esta humillación estúpido imbécil!

Laura salió furiosa de la oficina de Andrés. Él se quedó frustrado por eso. Laura iba a abordar el ascensor cuando de repente vio a Maye salir de él. Las dos chicas se vieron fijamente. Laura estaba sumamente sorprendida de volver a Maye.



— ¡Tú! –Exclamó Laura- ¿Qué haces aquí?

—Hola Laura –Le saludó Maye indiferente-. Cuánto tiempo sin volver a vernos. ¿Cómo estás?

En ese momento, Andrés salió de la oficina y vio a Maye. Laura volteó a ver a Andrés y entendió todo:

—Pero claro. Ya sé por qué me terminaste –Le dijo Laura Andrés- Fue por ella, ¿verdad? ¡Porque la fea regresó y ahora quieres andar detrás de ella! ¡Anda, dímelo Andrés! Me terminaste porque le fea de Maye regresó. ¿No es así? ¡Respóndeme!

Maye estaba desconcertada frente al comportamiento de Laura. Algunos empleados de la empresa miraban curiosos la escena.

martes, 14 de enero de 2014

Capítulo 5: Aún te amo

Maye llegó de España a Colombia para hacerle una visita a todos sus seres queridos aprovechando sus vacaciones en la universidad. Llegó al aeropuerto y casualmente, pasó cerca de Andrés quien hablaba por celular e iba a recibir un cliente, pero ninguno de los dos se vio.

Más tarde, en una cafetería, se encontraban Maye y Valeria, ésta última muy emocionada por ver de nuevo a su amiga.



— ¡No puedo creer que te esté viendo! –Exclamó Valeria- ¡Me da mucha alegría que hayas vuelto Maye! Siento que con contengo mi felicidad. Te extrañé muchísimo amiga.

—Yo también Vale, aunque no dejamos de comunicarnos, pero no hay nada como estar en cuerpo presente –Confesó Maye.

—Pensé que nunca vendrías –Dijo Valeria-. Pero tenemos mucho de qué hablar. ¿Es muy bonito Madrid?

—Sí, es una ciudad muy linda –Respondió Maye-. Sólo que el clima es un poco inclemente. Hace mucho frío.

—No entiendo por qué viniste de improvista. Si me hubieras avisado te habría preparado con tus padres una fiesta de bienvenida –Dijo Valeria.

—Ese fue uno de los motivos por los que vine de sorpresa, porque ahora no estoy para fiestas –Dijo Maye-. Sólo quiero descansar. Siento que me volveré loca con tanta responsabilidad.

— ¡Ay Maye! Tan siquiera deberíamos ir a bailar esta noche a tomar un par de copas –Le propuso Valeria-. Estás de vacaciones, tienes ya 19 años y eres muy guapa. Estoy segura que esta noche te ligarías un chico.

—No me interesa Valeria, tampoco estoy ahora para relaciones –Confesó Maye-. Pero está bien, vamos a una discoteca esta noche, sólo porque quiero pasar el rato con mi mejor amiga.

Entretanto, Andrés estaba en su oficina, firmando unos documentos y en eso, Laura entró atrevidamente con un vestido violeta corto, usando tacones y sosteniendo en el brazo derecho un abrigo y con la mano la cartera.



—Hola Andrés. ¿Estás ocupado? –Le saludó Laura con un beso en la mejilla.

— ¿Qué haces aquí Laura? –Preguntó Andrés molesto- ¿Cómo entraste?

—La secretaria estaba descuidada y aproveché para darte una sorpresa, pero por lo visto no te gustó –Respondió Laura.

—Discúlpame, no quiero ser grosero contigo, pero no me gusta que me molesten cuando estoy trabajando –Dijo Andrés.

—Pues sinceramente siento que amas más tu trabajo de lo que deberías amarme a mí –Confesó Laura solloza.

Andrés, conmoviéndose por las palabras de su actual novia, se levantó, fue hacia ella y la abrazó.

—Perdóname, no me gusta que llores por mi culpa –Le dijo-. Sólo te pido que me tengas un poco de paciencia.

— ¿Paciencia? –Preguntó Laura- Paciencia es lo que he tenido contigo desde hace más de un año que llevamos esta relación. Andrés, yo pienso que sólo estás conmigo por no dejar.

—No me digas eso, no es verdad –Dijo Andrés apartándose de Laura y dándole la espalda, pues él sabía que ella tenía razón, pero no lo aceptaba.

—Si no es así, dime que me amas mirándome a los ojos –Dijo Laura con severidad.

— ¿Por qué mejor no salimos esta noche a cenar? –Le propuso Andrés, dándole de nuevo la cara y sonriéndole forzado-. Te prometo que trataré de cambiar.

Laura le sonrió, se acercó y lo besó, pero Andrés no se sentía capaz de corresponderle.

—Te llamaré luego –Dijo Laura que después salió de la oficina.

Andrés suspiraba frustrado. Cuando cayó la noche, Maye estaba en la casa de sus padres, hablando con ellos en la sala.



— ¡Qué bueno verte después de tanto tiempo hija! –Decía Rihanna muy emocionada y feliz.

—Así es, nos da mucha felicidad –Dijo Damián-. Te extraño mucho. Muchísimo. Con decirte que no me acostumbré los primeros días sin mi niña en la casa.

—Yo también papás. Me sentí morir en los primeros días en que estuve en España sin ustedes, sin sus atenciones –Comentó Maye-. Hasta eché de menos lo mucho que me sobre protegían. Aunque la tía Ceci me atendió muy bien.

—Me parece que te pusiste más bonita –Notó Rihanna-. Tu estancia por allá te sentó muy bien.

— ¿Y por qué no nos dijiste que venías Maye? –Preguntó Damián- Pudiste habernos avisando o enviado un mail por correo.

—Quise darles la sorpresa –Respondió Maye-. Además, como le dije a Valeria, si les decía, me iban a preparar una fiesta y realmente no lo quería. Estoy muy cansada.

—No es para menos. No nos gustó para nada que trabajaras de profesara en España –Dijo Rihanna.

—Eso es verdad. Si necesitabas más dinero, sólo tenías que decírnoslo y te lo mandábamos –Dijo Damián

—Papá, ya no soy una chiquilla. Debía trabajar en algo para ayudarle a la tía con los gastos –Dijo Maye algo seria-. Y como me gustan tanto los niños, decidí ser maestra suplente. Y quiero que sepan que mientras esté aquí de vacaciones, seguiré trabajando en lo mismo.

Los padres de Maye miraron a su hija de cierta manera, queriendo expresar que era una muchacha terca. Tal y como lo planearon, Maye e puso una ropa ligera y salió con Valeria a una discoteca, donde se divirtieron, bailaron y rieron. Por otra parte, en un lujoso e iluminado restaurante, cenaban Andrés y Laura; ésta última hablaba entretenidamente con él. Andrés sólo la escuchaba, le seguía la conversación y sonreía.

Así pasaron unos días. Maye estaba en la oficina de la directora de un importante colegio, en una entrevista laboral. La directora era una mujer mayor y leía detenidamente el currículo (hoja de vida) de Maye:



—Realmente, a pesar de que tan solo tiene 19 años, veo en su currículo que está muy capacitada para trabajar en esta escuela –Dijo la directora.

—Me alegra mucho escuchar eso –Dijo Maye-. Sepa usted que además estoy estudiando pediatría, me encantan los niños y sé trabajar muy bien con ellos.

—Y a parte de eso, tiene todo lo necesario como el hablar inglés y los conocimientos requeridos para primero de primaria –Agregó la mujer-. ¿Pero no es usted profesora titulada?

—Eh… no. Como verá solo era maestra suplente, de reemplazo –Respondió Maye.

—Bueno, eso no es tanto un problema –Dijo la directora-. Las referencias, el currículo y la experiencia valen por el título.

— ¿Eso quiere decir que estoy contratada o debo esperar su llamada? –Preguntó Maye.

—Está contratada –Respondió la directora-. Pero debido a que aún no tiene un título y por la experiencia, sólo puedo ponerla como la profesora del grado primero. ¿Le parece señorita Swan?

—Claro, es perfecto –Aceptó Maye muy emocionada-. A partir de mañana empezaré mis clases con los niños. Muchas gracias señora directora. Le aseguro que no se arrepentirá.

—Eso espero –Dijo entre risas la directora.

Maye le sonrió por última vez a la directora, se levantó y salió de la oficina. Al día siguiente, asistió a su primer día de trabajo. El timbre de entrada de la institución sonó y los niños empezaron a entrar. La casualidad nuevamente hacía que Maye y Andrés estuvieran más cerca de lo que pensaban, puesto que éste último tenía un hermano de seis años que justo estudiaba en la misma institución y lo trajo en el auto. Lo estación frente a la entrada del plantel y el niño se bajó.



—Pórtate bien Max –Le dijo Andrés-. No quiero que tu profesora vaya a ponerme quejas de ti. ¿Entendido?

— ¡Entendido Andrés! –Exclamó Max.

—Paso por ti esta tarde. Espérame aquí en la entrada. Chao, cuídate –Se despidió Andrés de su hermanito.

El niño entró corriendo a la institución con los demás. Andrés se fue una vez se aseguró de que Max entrara bien. Minutos después en el salón de clases del grado primero, todos los niños estaban en sus puestos. Max estaba ahí. La directora presentaba a Maye como la nueva profesora.



—Bueno mis niños. La señorita Swan será su nueva profesora. Lamentablemente, su anterior maestra tuvo que irse, pero ahora ella los acompañará durante una corta temporada. Espero que en ese tiempo puedan darle una buena impresión de su comportamiento. Los dejo con la señorita Swan.

La directora se retiró del salón. Maye se quedó con los niños sonriéndoles con ternura.

—Pues como ya les dijo la señora directora, seré a partir de este momento su nueva profesora. Mi nombre es Magerli Swan, pero preferiría que me llamaran solamente Maye. ¿De acuerdo?

— ¡De acuerdo! –Exclamaron al unísono los niños.

—Perfecto. Comenzaré con algo muy sencillo. Ya me presenté y ahora les corresponde a ustedes presentarse conmigo –Dijo Maye-. Me van a decir sus nombres uno por uno. Comencemos por aquí.

Uno por uno, cada niño se levantaba del puesto y le decía su nombre a Maye. Ella con su buena memoria, procuraba memorizarlos todos. En eso, llegó el turno de presentarse de Max, pero el niño era bastante tímido y no se levantó para decir su nombre.

— ¿Y tú como te llamas corazón? –Le preguntó Maye- ¿Cuál es tu nombre? ¿No me lo quieres decir?

Pero Max no respondía.

— ¡Él es un tonto! –Dijo una niña con desprecio- Le da miedo de todos.

—Por eso a nadie le gusta ser amigo de él –Dijo otro niño.

—Por favor respeten a su compañero y no lo ataquen de esa manera –Les dijo Maye-. No es ningún tonto, para nada. Lo que pasa es que es bastante tímido. Vamos mi amor. Dime cuál es tu nombre. En mí puedes tener confianza…. Vamos.

—Me llamo Max –Dijo tímidamente cabizbajo.

—Bueno Max, pues de ahora en adelante ya no vas a ser tímido –Dijo Maye-. Es más, de ahora en adelante todos vamos a ser muy unidos y no vamos a faltarnos al respeto unos a otros. Vamos a aprender a trabajar en equipo. ¿Te gusta la idea?

—Sí, me gusta –Respondió Max sonriéndole a Maye, pues con las palabras de ella, el niño tomó un poco más de seguridad.

Horas después, terminó la jornada. Tocaron el timbre de salida. En el salón de clases del grado primero, todos los niños se acercaban al escritorio de Maye para entregarle en una hoja sus tareas hechas.

—Cuídense niños –Les decía Maye a medida que se iban yendo-. No se olviden de la tarea de los animales domésticos en inglés. La realizan con ayuda de sus padres. Mañana la recojo, así que bien responsables en eso.

El último en entregar la tarea del día fue Max. Maye recibió la hoja, pero se sorprendió al ver que la actividad no estaba resuelta del todo.

—Max espera. Ven aquí –Le detuvo Maye y Max fue hacia ella- ¿Por qué no terminaste la actividad? Era bastante fácil y todos tus compañeros tuvieron tiempo de terminar. ¿Por qué tú no?

—Es que no sabía como hacerla profesora –Respondió Max cabizbajo-. No sé sumar ni restar bien.

—Eso veo. Y me preocupa porque es un logro que ya debes de haber superado –Dijo Maye-. ¿La otra profesora no les enseñaba muy bien o qué pasa?

—No sé. ¿Puedo irme ya? Mi hermano debe estar esperándome afuera y se enojará conmigo si me tardo –Dijo Max.

—Está bien Max. Puedes irte. Hasta luego –Dijo Maye y Max salió apresurado del salón directo a la salida de la institución.

Efectivamente Andrés esperaba a su hermanito en el auto. Estaba acompañado por Laura y Max al verla se molestó, ya que no le caía bien. El niño subió al vehículo y se sentó en los asientos atrás.



— ¿Por qué te demoraste en salir Max? –Le preguntó Andrés- Tú sabes que no me gusta esperar. Tengo cosas que hacer.

—Me quedé hablando con mi nueva profesora –Respondió Max-. Es muy bonita y amable. ¿Y por qué Laura está con nosotros?

—Papá y mamá tuvieron que irse de viaje y como yo tengo asuntos que arreglar en la empresa, Laura se hará cargo de ti mientras yo no pueda –Dijo Andrés.

— ¡Vamos a divertirnos mucho Max! –Exclamó Laura, sonriéndole falsa al niño, pero éste sólo la miró disgustado.

Llegada la noche, Maye estaba en su cuarto, charlando con Valeria. Maye calificaba las tareas de sus alumnos, mientras le contaba a su amiga cómo había estado su primer día de trabajo.



—La verdad es que nunca me imaginé verte de profesora Maye –Dijo Valeria-. Debe ser algo bastante desesperante tratar con tantos niños chiquitos, controlarlos, enseñarles a los que no entienda.

—Cuando tienes la vocación, no lo ves de esa manera y este es mi caso –Dijo Maye-. Además, he descubierto lo mucho que me encantan los niños. Por eso mismo estoy estudiando pediatría.

— ¿Entonces te fue bien con ellos? –Preguntó Valeria.

— ¡Excelente! –Exclamó Maye-. Todos son muy dóciles, animados para trabajar. Me sentí muy acogida por ellos. Sólo me preocupó un niño en especial. Es bastante tímido, a parte de que tiene dificultades cognitivas.

— ¿Y por qué no citas a los padres para hablarles de eso? –Le preguntó Valeria.

—Tienes razón. Es una excelente idea. Mañana hablaré con el niño y les mandaré con él una notificación para que los padres asistan a la institución –Convino Maye-. ¿Y tú cómo piensas retomar tus estudios Valeria?

— ¡Ay Maye! Es que la universidad es muy estresante, y más con una carrera tan pesada como la administración de empresas –Respondió Valeria-. Tal vez más adelante los retome, pero con otra carrera. Definitivamente lo empresarial no es lo mío.

—Eso espero. Es muy importante que te superes. Así vas a tener mejores oportunidades laborales –Dijo Maye-. Pero si no estás estudiando, ¿qué estás haciendo estos momentos? ¿Tus padres aún te mantienen?

— ¡Claro que no! ¿Cómo crees? No podría aprovecharme de esa manera de mis padres –Dijo Valeria-. Estoy trabajando con catálogos de productos de belleza. Justo traigo aquí un catálogo por si te interesa encargar algunos productos.

—Haber, muéstrame –Dijo Maye.

Valeria sacó de su bolso un catálogo de productos de belleza y se lo entregó a Maye. Ésta lo recibió y efectivamente se interesó por algunos accesorios y maquillaje. En eso, pasando las hojas del catálogo, Maye se encontró con la foto de Andrés como el director ejecutivo de una empresa de cosméticos. Ella al verlo de nuevo, no pudo evitar estremecerse y acarició con sus dedos la foto.

— ¿Qué te pasa Maye? ¿Por qué te pones así? –Le preguntó Valeria- Quien te vea dirá que has visto un espanto.

—Un espanto no Vale, más bien una persona que acaba de removerme el pasado –Dijo Maye.

Valeria se extrañó por las palabras de su amiga, por lo que se sentó a su lado para ver qué había visto en el catálogo.

— ¡Por Dios! ¡Ese apuesto empresario que sale ahí es Andrés! –Exclamó Valeria- Así que es el director ejecutivo de una empresa de cosméticos. Eso no lo sabía.

—Eso parece –Dijo Maye quien acto seguido cerró el catálogo.

—Maye, disculpa que te haga esta pregunta, pero ¿todavía recuerdas a Andrés? –Preguntó Valeria.

—Por supuesto. Lo recuerdo como recordaría a cualquier otra persona –Dijo Maye-. Es una pregunta sin coherencia Valeria.

—Pero no me refiero en ese sentido –Dijo Valeria-. Me refiero a si aún sientes algo especial por él después de todo este tiempo. ¿Todavía sigues enamorada?

—No te voy a mentir. Todos estos meses, procuré superar todo lo que sucedió con Andrés y lo logré –Confesó Maye-. Pero a pesar de eso, aún lo tengo clavado en mi corazón y sigue presente. Por más que tratara de olvidarlo, era imposible. Y con eso entendí que una cosa es olvidar y otra superar.

—Y si es así, ¿por qué no lo buscas? Un amor no se olvida de la noche a la mañana –Dijo Valeria-. A lo mejor él también siente algo por ti.

—No lo creo Valeria. ¿Crees que todo un director ejecutivo estaría soltero sólo por el amargo recuerdo de un amor de secundaria? –Dijo Maye- En estos momentos debe estar comprometido. ¿Y sabes qué? Mejor dejemos el tema a un lado. ¿Te parece?

—Está bien –Dijo Valeria sonriéndole.

Las dos amigas se abrazaron fraternalmente. Por otra parte, en la lujosa casa de la familia Acevedo (la familia de Andrés), Laura estaba viendo televisión sentada cómodamente en el sofá de la sala. En eso, se le acercó Max:



—Laura, tengo hambre. ¿Cuándo va a estar lista la cena? –Preguntó el niño.

— ¿Cena? ¿En serio crees mocoso que me voy a meter en una cocina para darte de comer? –Dijo Laura- Mejor lárgate. Estoy ocupada viendo mi telenovela.

Max se retiró tímido de la sala. Laura continuó disfrutando de su telenovela favorita: Ladrona, en la escena en que Cristal obliga a Alison a besarle los fétidos pies.

— ¡Apoyo a Cristal! ¡La Ladrona asquerosa esa se lo merece! –Exclamaba Laura mientras veía la escena emocionada.

A lo lejos, Max se percató que el control remoto de la televisión estaba tirado en el piso, cerca de Laura, por lo que el niño decidió tomarlo con cautela sin que ella se diera cuenta. Una vez lo logró, apagó la televisión.

— ¿Qué pasó? ¿Por qué se apagó esta idiotez? –Preguntaba Laura histérica- ¡Me estoy perdiendo mi programa! ¡Maldición! ¿Dónde dejé el control?

Laura se levantó bastante molesta del sofá y Max salió corriendo a su cuarto. Laura logró verlo y salió tras él. El niño se encerró en su cuarto y Laura tocaba insistente la puerta, tratando de abrirla pero no podía, ya que Max le había puesto seguro.

— ¡Abre esa puerta inmediatamente mocoso estúpido! –Gritaba Laura al tiempo que trataba de abrir- ¡Ábrela y entrégame el control remoto o te va a pesar! ¡Abre la puerta!

— ¡No quiero! –Gritó Max desde adentro- Tengo hambre. Hazme de comer o le voy a contar a Andrés que eres mala.

Laura se retiró de allí, fue a buscar las llaves de la puerta del cuarto. Las encontró sobre el escritorio del estudio de la casa y regresó hasta el cuarto de Max. Laura no dudó en segundo en abrir la puerta con las llaves y asustado por eso, Max se metió debajo de la cama.

— ¡Sal de ahí debajo! –Le gritó Laura- Te daré hasta tres para que salgas o me veré obligada a sacarte. ¡1…! ¡2…! ¡3….!

Laura se inclinó y tomó con bastante fuerza a Max de un brazo, sacándolo de esta manera de la cama. No lo soltó y cada vez lo apretaba con más fuerza del brazo. Max empezó a llorar por el dolor y por el miedo.

—Ya tuve bastante paciencia contigo insecto miserable. Entrégame el control de la televisión. Te lo repito por último vez –Dijo Laura con la voz recia e intimidando a Max con la mirada.

Al día siguiente, en la institución, Maye estaba en la sala de profesores antes de empezar las clases. La joven organizaba unos papeles y en eso, entró La directora.



—Señorita Swan. ¿Cómo está? –Le saludó la directora.

—Buenos días señora directora. Estoy muy bien, gracias –Respondió Maye-. Supongo que viene a preguntarme cómo me fue con los niños ayer.

—Efectivamente. ¿La acogieron bien? –Preguntó la directora.

—Sí señora. Son unos niños muy amigables, trabajadores y participativos –Dijo Maye-. Además de que también son muy inteligentes. Me sentí muy a gusto con ellos. Sólo me llamó la atención un niño. Se llama Max Acevedo.

— ¡Ah, lo conozco! –Exclamó la directora- Entiendo que le haya llamado la atención. Es un niño muy escaso de acompañamiento. Siempre presenta problemas cognitivos, falta a sus tareas. Muchas profesoras han tenido problemas con él.

—Eso me preocupa porque para el grado en el que está presente muchas dificultades –Dijo Maye-. Precisamente pensé en citar a sus padres o algún acudiente para hablarle de los problemas del niño. Creo que su aprendizaje podría mejorar si recibiera más acompañamiento de su familia.

—No creo que los padres puedan venir. Son unos señores bastante ocupados –Comentó la directora-. Nunca he visto que traigan a Max o lo recojan, además él casi nunca los menciona. Siempre dice que el único que está pendiente de él es su hermano mayor, que también vive muy ocupado.

—Pero eso es muy grave señora directora –Dijo Maye-. Eso puede impulsar a otros problemas psicológicos en Max al ver la falta de atención y cariño de sus familiares. Con esto que usted me ha dicho, me urge más hablar con alguno de sus padres o si es posible, con el hermano mayor.

—Ya dejo eso a su disposición señorita Swan –Dijo la directora, que luego se retiró de la sala de profesores, dejando a Maye preocupada por más.

Andrés como todos los días, trajo a Max en su auto a la institución, pero estaba más callado de lo común. Andrés se extrañó por eso.




— ¿Por qué estás tan callado Max? –Le preguntó Andrés- ¿Te pasa algo?

—No. Mejor me voy rápido para el salón. No quiero llegar tarde a la clase de mi nueva profesora –Dijo Max.

Max se bajó del vehículo y Andrés notó que el niño tenía el brazo izquierdo maltratado.

— ¡Espera Max! –Lo detuvo Andrés- ¿Qué ta pasó en el brazo? ¿Por qué lo tienes rojo? ¿Quién te golpeó?

— ¡Nadie! ¡Chao, nos vemos más tarde! –Dijo Max y salió corriendo a la entrada de la institución antes de que Andrés siguiera interrogándolo.

Ese día de clases, Maye nuevamente se llevó muy bien con sus pequeños alumnos. Ella les sonreía y les sembraba confianza para participar en la clase y las explicaciones que ella les daba. Los niños se sentían tan seguros con Maye, que salían al tablero y resolvían correctamente operaciones matemáticas sencillas como la suma y la resta. El único que era distante y tímido era Max. Maye lo miraba en silencio con preocupación e incluso notó que tenía el brazo maltratado.

A la salida, los niños le entregaron a Maye las tareas que tenían pendientes en sus cuadernos poniéndolos sobre el escritorio. El último en salir fue Max que pasó de largo.



—Max, espera un momento –Lo detuvo Maye-. ¿Por qué no me entregas tu cuaderno? ¿No hiciste la tarea que dejé ayer?

—No profesora. No sabía como hacerla –Respondió Max cabizbajo.

— ¿Y no hay un mayor en tu casa que pueda ayudarte? ¿Por qué no me cuentas qué te pasó en el brazo? ¿Quién te pegó? –Preguntó Maye.

—Nadie. Me tengo que ir. Mi hermano me está esperando afuera –Dijo Max.

El niño salió del salón de clases. Maye se quedó un momento pensativa y salió tras él sin que se percatara. Andrés esperaba a su hermanito en el auto afuera de la institución. Max llegó y subió al auto, pero antes de que Andrés pudiera irse, escuchó el grito de alguien que lo detuvo:

— ¡Espere un momento señor! ¡Tengo que hablar con usted! –Le gritó Maye sin saber que era Andrés.

Andrés volteó a ver y se encontró con Maye dejándolo perplejo. Ella al reconocerlo, no pudo evitar sorprenderse bastante. Sus miradas se conectaron enseguida.

CONTINUARÁ...